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Pediatría
Infecciones: Vacunas y otras formas de prevención
Infecciones: Vacunas y otras formas de prevención

Las infecciones cada vez tiene mayor relevancia dentro de la población adulta mayor (AM), debido especialmente al elevado impacto que producen en el paciente de edad avanzada, particularmente en personas incapacitadas e institucionalizadas. En las personas mayores, algunos de los sistemas defensivos locales (piel, mucosas, irrigación) y generales (inmunidad) pueden estar alterados o ser menos eficientes facilitando la aparición de infecciones.

A esto se agregan factores más inespecíficos (menor reserva fisiológica, mal nutrición, comorbilidad, reacciones adversas a medicamentos, etc.) que pueden predisponer tanto a la infección como al desarrollo de complicaciones de las enfermedades infecciosas.

Por todo lo anterior, el papel de la prevención primaria, especialmente con la utilización adecuada de las vacunas, ocupa un lugar relevante dentro de las enfermedades infecciosas, más aún, en las sociedades donde existen escasos recursos socio sanitarios destinados a este grupo etario.

Con la colaboración de la Dra. Adela Herrera P. Departamento de Medicina Interna

 

Vacunación antigripal

 
  • La infección por virus influenza se produce por epidemias.
  • Un brote epidémico dura de seis a doce semanas y puede afectar al 20% de la población.
  • El período de mayor virulencia tiene lugar en los meses de invierno.
  • Los grupos más afectados son los niños en edad escolar que introducirán el contagio en el medio familiar y los ancianos por presentar la mortalidad más alta.
  • En las epidemias de influenza el 90% del exceso de mortalidad es a expensas de la población anciana. Esto se debe a las complicaciones agregadas como las neumonías bacterianas asociadas o a la infrecuente neumonía por influenza. El problema es mayor en los ancianos institucionalizados, donde la extensión de la enfermedad es elevada, así como la incidencia de complicaciones.
  • El factor de transmisión más importante es la inmunidad de la población.
  • El éxito de los programas de vacunación se refleja en los amplios períodos sin epidemia gripal, al tener la población altos niveles de anticuerpos.
  • La respuesta inmunológica a la mayoría de las vacunas disminuye cuantitativamente al avanzar la edad.
  • En adultos jóvenes, las vacunas antigripales tienen una eficacia protectora frente a la gripe de alrededor del 75%. La eficacia disminuye, incluso con una vacunación anual, en los adultos mayores de 65 años, pero la vacuna es de todos modos efectiva para reducir la gravedad de la enfermedad, ya que protege frente a las complicaciones graves de neumonía bacteriana y reduce las tasas de mortalidad.
 

¿Por qué es importante vacunar a las personas mayores contra la gripe?

 
  • Los ancianos son particularmente susceptibles a infecciones de las vías respiratorias.
  • Por esta razón, la neumonía y la influenza son la quinta causa importante de muerte en personas de edad avanzada. Incluso cuando las infecciones respiratorias no causan la muerte, se acompañan de complicaciones importantes.
  • Los brotes epidémicos de gripe se asocian regularmente a un aumento de la mortalidad, y su impacto es más grave en las personas de edad avanzada, que sufren del 70 al 90% del total de muertes debidas a la gripe. Alrededor del 90% de estos fallecimientos se producen en individuos con trastornos de alto riesgo subyacentes conocidos, pero algunos se dan también en adultos ancianos aparentemente sanos.
  • La vacunación no da una protección completa en los ancianos, pero reduce las complicaciones y muertes, particularmente en la población anciana institucionalizada y en los pacientes débiles.
  • Se recomienda la vacunación anual en todos los adultos mayores de 65 años y en los adultos que presenten características de alto riesgo, como son las enfermedades metabólicas, renales, cardiacas o pulmonares crónicas. Hoy en día son comunes en personas de edad avanzada situaciones de riesgo de exposición mayor, como son los residentes de asilos, quienes asisten a centros de cuidado diurno de adultos, los mayores que viven en casas con niños pequeños o en edad escolar, situaciones que expondrá a los adultos a diversos agentes patógenos respiratorios.
  • Las vacunas antigripales son eficaces. La eficacia de la vacuna contra la influenza para prevenir la muerte en los adultos mayores es entre 70 y 100%. Además, es una vacuna segura y con un riesgo bajo de reacciones adversas. Se estima que la vacunación de los ancianos en las residencias puede disminuir la tasa de hospitalización en un 50%, el riesgo de neumonías en un 60% y el de fallecimiento, un 75-80%.
 

¿Existen problemas específicos de la vacuna antigripal que los pacientes deben conocer?

 
  • La vacuna antigripal difiere de otros productos que se recomiendan sistemáticamente a los adultos en que es probable que su composición cambie cada año.
  • Estos cambios son debidos a la características inmunológicas específicas de los virus de la gripe presentes en cada momento y en la necesidad de administrar la vacuna cada año dada la corta duración de la inmunidad que confiere.
  • De los virus causantes de influenza, A, B y C, el C provoca una infección respiratoria de menor gravedad o incluso asintomática; no produce epidemias y no tiene el impacto social de los otros dos virus. Por esta razón, los esfuerzos por controlar el contagio de la influenza han sido dedicados a los virus A y B, los cuales incluyen varios subtipos y además sufren mutaciones periódicamente.
  • Cuando ello ocurre, la población no está protegida y aparece una epidemia o una pandemia. Por todo lo anterior, se debe insistir que estas vacunas protegen contra causas específicas de enfermedades respiratorias, no contra todas las infecciones virales o la neumonía.
  • Una razón que comentan los pacientes para no recibir la vacuna anual contra la influenza es que “un año recibieron la vacuna y de todas maneras tuvieron la afección”. La explicación más probable es que la persona ya se había expuesto al virus de la influenza cuando se inmunizó (vacunó) o que sufrió una enfermedad viral diferente a la influenza. Se recomienda vacunar contra la gripe en el otoño ya que transcurren dos o más semanas en aparecer los anticuerpos.
 

¿Por qué es necesario vacunar contra la gripe anualmente?

 
  • La superficie del virus cambia constantemente. El virus de la influenza A tiene múltiples subtipos. Estos antígenos cambian con el tiempo y ello da por resultado pérdida de la inmunidad e ineficacia de las vacunas “antiguas”.
  • La influenza B cambia con menor frecuencia, pero cuando sucede la modificación es importante y por lo general origina un brote mayor.
 

¿Qué enfermedades subyacentes implican un mayor riesgo de muerte por influenza en los pacientes de "edad avanzada”?

 
  • Enfermedad respiratoria crónica.
  • Insuficiencia renal crónica, en especial en pacientes en diálisis.
  • Insuficiencia cardíaca congestiva.
  • Valvulopatía reumática o cardiopatías.
  • Hemoglobinopatías.
  • Cáncer.
  • Enfermedades sistémicas crónicas, (diabetes mellitus, Addison, etc.).
  • Inmunodeprimidos / tratamiento inmunosupresor.
  • Además, los ancianos institucionalizados (residencias, hospitales de larga estancia) son considerados grupo prioritario.
 

¿Qué reacciones adversas o efectos secundarios deben advertirse a los pacientes?

 
  • Dolor en la zona durante 1 a 2 días.
  • Rara vez un cuadro semejante a la gripe.
  • La respuesta alérgica inmediata puede retrasarse de vez en cuando en los ancianos (los pacientes con antecedentes de alergia al huevo presentan reacción alérgica ya que el virus de la vacuna contra la influenza se cultiva en medios con huevo).
  • Malestar y/o fiebre 6-12 horas después de la vacunación, que se resuelven en 1 a 2 días.
 

¿Existen contraindicaciones para la vacunación contra la influenza?

 
  • Alergia a la proteína del huevo.
  • En presencia de enfermedad infecciosa aguda (sobre todo si cursa con fiebre alta), subaguda o crónica no tratada y en fase de convalescencia.
  • No se contraindica en catarros de las vías respiratorias altas leves ni otros procesos banales.
  • Nunca usar vacunas de años anteriores.
  • La vacunación antigripal reduce la incidencia, la severidad y la duración de los casos de gripe.
  • En suma, dado que los brotes epidémicos de gripe se asocian regularmente a un aumento de la mortalidad, y su impacto es más grave en personas de edad avanzada (70-90% del total de las muertes por gripe), ya sea con enfermedades asociadas o aparentemente sanos (90% de los fallecimientos ocurren en personas mayores con factores de riesgo asociados), se recomienda fervientemente el uso anual de la vacuna antigripal en todos los adultos mayores.
 

Vacunación antineumocócica

 
  • La neumonía es una de las enfermedades infecciosas más comunes en los mayores.
  • En muchas ocasiones requiere hospitalización, genera una serie de complicaciones graves y provoca la muerte en un porcentaje significativo de los afectados.
  • La etiología microbiana de esta infección es variable dependiendo del entorno y las condiciones fisiológicas del paciente.
  • Aunque no disponemos aún de medidas frente a la mayoría de los gérmenes que pueden producir una neumonía, se ha desarrollado una vacuna frente al neumococo, que es el germen más frecuente.
  • Se recomienda la vacunación frente al neumococo de todos los mayores de 65 años.
  • Es una única dosis, se puede administrar al mismo tiempo que la vacunación antigripal, aunque en sitios distintos, sin que los efectos secundarios sean mayores o la eficacia disminuya.
  • Tras la vacunación, la respuesta inmunitaria aparece a las 2-3 semanas y se mantiene por un plazo de 5 años, cuando estaría indicada la revacunación.
 

Ventajas de la vacunación antineumocócica

 
  • La eficacia de la vacuna se estima en el 56%.
  • Se ha demostrado una reducción significativa de las hospitalizaciones por neumonía y de muerte.
 

Vacunación antitetánica

 
  • Aunque el tétanos es hoy en día una enfermedad infecciosa muy poco común en los países desarrollados, es una enfermedad que afecta especialmente a los mayores (el 60% de los casos de tétanos se da en los mayores de 60 años), con una mortalidad muy alta (mayor del 60%).
  • La mayoría de estas infecciones se producen tras lesiones agudas en la piel (traumatismos, heridas, quemaduras), aunque en un menor porcentaje pueden aparecer en relación con úlceras por presión o abscesos crónicos.
  • El tétanos aparece casi exclusivamente en sujetos que no han sido vacunados previamente.
  • Se estima que solo un 30-40% de los mayores tienen niveles adecuados de anticuerpos contra la toxina tetánica. La vacuna protege hasta 35 años después.
  • La vacuna del tétanos está recomendada en todas las personas mayores, tanto en las institucionalizadas como en las que viven en la comunidad.
  • El programa de inmunización consiste en una serie de tres dosis (basal, al mes y a los 6-12 meses), seguida de una dosis de recuerdo cada 10 años.
  • En personas que han sufrido una herida profunda, contaminada o en un ambiente de alto riesgo se recomienda la vacunación si no existe una vacunación previa, si esta se realizó en forma incorrecta o si han pasado más de 10 años desde la última dosis de vacuna.
 

En suma

 
  • Es importante recordar que la consecuencia inevitable de la transición demográfica es el aumento en el número absoluto de adultos mayores, el aumento espectacular de la expectativa de vida y de la mayor prevalencia de enfermedad y discapacidad con el consecuente aumento de consumo de recursos sanitarios y sociales por este grupo etáreo.
  • Sin embargo, pese a todos y muchos otros argumentos que sería largo detallar, estamos asistiendo a un “enlentecimiento” en la adecuación de las estructuras necesarias para una atención socio-sanitaria integral. Hoy en día las únicas medidas de prevención primaria de enfermedades infecciosas aceptadas universalmente son la vacunación antigripal, antineumocócica y antitetánica.
  • Tenemos que seguir librando nuestra lucha contra las enfermedades infecciosas en los próximos años. La aparición de epidemias como el SIDA y de neumonías por otros microorganismos (por ej. los virus) nos obliga a pensar que es importantísimo tener presente que vivimos en una sociedad donde los recursos sociosanitarios para el adulto mayor y la educación preventiva sobre el proceso de envejecimiento son muy escasos o nulos, por tanto, nunca debemos olvidar que en nuestro medio el control de los factores de riesgo favorecedores de infecciones en el adulto mayor, factores que constituyen una verdadera epidemia en nuestra sociedad (los hábitos tóxicos, la malnutrición, el alcoholismo, la polifarmacia, la automedicación, el sedentarismo, la comorbilidad, el abandono, la soledad, la incomprensión, la falta de recursos económicos, etc., que atentan directamente sobre el equilibrio inmunológico) es una de las medidas más importantes para reducir el riesgo global de las infecciones y estar así mejor preparados para batallar contra este adversario que aún dispone de armas poderosas y al cual solo podremos hacer frente con medidas preventivas, integrales, fundamentalmente a través de la educación de nuestra población.