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Tipos de sangre: ¿por qué son diferentes?

Tipos de sangre: ¿por qué son diferentes?

29 de mayo, 2017 Tratamiento y Recuperación 0
Hasta hace poco más de 100 años, la medicina todavía experimentaba con transfusiones entre animales y humanos. Hoy, el mapa sanguíneo está bastante resuelto y ahora se estudian los beneficios de cada grupo. ¿Cuál eres tú?

El 40% de los caucásicos tienen sangre tipo A, pero de los asiáticos, sólo el 27% la posee. En India hay un grupo de personas cuya sangre no es del tipo A, B u 0, condición que se denomina “el fenotipo Bombay”, donde no pueden recibir sangre de alguien que no tenga el mismo tipo. Quienes tienen la sangre tipo 0 son más propensos a las úlceras y los A fueron más proclives a presentar viruela. ¿De dónde vienen los diferentes tipos de sangre? ¿Cómo influyen en nuestra salud?

El mapa de la sangre es nuevo. Y todavía no está terminado. De hecho, recién en 1900, el médico austríaco Karl Landsteiner descubrió los grupos sanguíneos. Su trabajo le valió el Nobel en 1930, pero antes de él y después de él, la sangre fue y es un misterio para la medicina, aun cuando los avances en esta área, después de Landsteiner, han sido enormes.
 

Un poco de historia



A inicios del 1600 algunos médicos probaron lo que hasta ese minuto parecía una idea con posibilidades: transferir sangre de animales a humanos para salvar a los segundos. Entre los intentos por conseguirlo, los antecedentes históricos registran a un médico francés que inyectó sangre de ternero a un paciente con trastornos mentales... El paciente murió y la leyenda negra de las transfusiones partió. Por lo mismo, muy pocos fueron los que después intentaron realizarlas.

Uno de ellos, aunque ya en la década de 1810 y ante la muerte de muchas pacientes por causa de la hemorragia posparto, fue el médico británico James Blundell, quien probó nuevamente la técnica. Pero con un cambio: dejó la sangre de animales y se concentró en la transfusión entre humanos.

En ese empeño diseñó un sistema de embudos y jeringas que harían posible canalizar la sangre de una persona a otra. Y la ocasión para poner en práctica su experimento fue cuando lo llamaron para que atendiera a un hombre postrado que se estaba desangrando.

Entre voluntarios consiguió cerca de medio litro de sangre y la inyectó en el brazo del enfermo. El hombre murió a los dos días, pero el británico siguió intentándolo: en total realizó 10 transfusiones; sólo cuatro pacientes sobrevivieron.

Pese a los malos resultados, Blundell estaba en lo correcto. La transfusión entre humanos era el camino. Su error, y el de los científicos de la época, fue minimizar la aglutinación de glóbulos rojos que aparecía en los tubos de ensayo cuando se mezclaba la sangre de diferentes personas. La explicación, en esos momentos, fue que como era sangre que provenía de enfermos, esa aglutinación seguramente era un tipo de patología que no valía la pena investigar.

Hasta que llegó Landsteiner. El médico austríaco se propuso mapear el aglutinamiento de glóbulos rojos en pacientes sanos. Tras varias mezclas descubrió que la aglomeración se producía sólo si mezclaba sangre de ciertas personas. Así, y al trabajar todas las combinaciones posibles, determinó tres grupos sanguíneos, a los que les puso A, B y C (luego se cambiaría C a O y más tarde se descubrió el tipo AB), y con las reglas que los rigen.

En definitiva, hoy se trabaja a partir de que hay cuatro grupos sanguíneos en función del antígeno (una proteína) que está presente en la superficie de los glóbulos rojos: el A, el B, el 0 y el AB. Existe, además, otro antígeno en la membrana de los hematíes (células sanguíneas que transportan el oxígeno desde los pulmones a los tejidos del cuerpo) que recibe el nombre de Rh, negativo o positivo. La presencia y combinación de estas moléculas hacen que se establezcan las incompatibilidades a la hora de recibir sangre de otra persona.
 

Distintos tipos, ¿distintos beneficios?



Los más frecuentes son los grupos 0 y A con aproximadamente un 40% de frecuencia cada uno en la población general. El grupo B se encuentra en un 11% de la población y el AB en el 4%. Hay variaciones en la distribución de estos grupos según razas y etnias.

Entonces, ¿cuál es la ventaja evolutiva de los diferentes tipos de sangre? Hasta ahora no se sabe bien. Y esto quedó en evidencia cuando en 1952 los médicos descubrieron que un grupo de pacientes no tiene ningún tipo de sangre ABO. Es decir, ninguna de las clasificaciones sanguíneas conocidas hasta ese minuto. ¿Esto era un problema? No. El único es que, de necesitarla, sólo pueden recibir sangre de personas que tengan el llamado “fenotipo de Bombay”, es decir, la misma condición de ellos.

Así, hay científicos que postulan que la explicación de los grupos tiene que ver con que diferentes tipos de sangre pueden protegernos de diferentes enfermedades, una relación que la ciencia comenzó a notar a mediados del siglo XX y cuya lista va en aumento: las personas que tienen sangre tipo A son más propensos al virus de la viruela (declarada erradicada del mundo en 1977 por la OMS), a enfermedades cardíacas y la malaria. Las personas con el tipo O son más propensas a tener úlceras y tendones de Aquiles rotos, pero están más protegidos contra la malaria que personas con otro tipo de sangre.

Paralelamente, un estudio del Brigham and Women’s Hospital y del Harvard Medical School (Boston, EEUU), analizó los datos recogidos en dos grandes investigaciones epidemiológicas con seguimiento de más de 20 años (Nurses’ Health Study y Health Professionals Follow-up Study) y). La investigación consideró los grupos sanguíneos de 62.073 mujeres y de 27,.428 hombres, entre los 30 y 75 años, arrojó dejando entrever que quienes tienen el grupo 0 son los que presentan el menor riesgo de padecer un problema cardiovascular.

El grupo AB, en tanto, tiene el riesgo más alto de tener una enfermedad cardíaca, un 23% mayor en comparación a las del grupo 0. Por detrás están las del grupo B, con un riesgo del 11%, y las del grupo A, con un 5%.
 

¿Cuándo puedo donar sangre?

 

  • Tengo más de 18 y menos de 60 años.
  • Peso más de 50 kilos.
  • No me encuentro en ayunas.
  • Si soy mujer, no estoy embarazada.
  • Me siento bien de salud.
  • No he tenido hepatitis después de los 12 años.
  • No vengo obligado a donar.
  • Han pasado más de tres meses desde la última donación.
  • Recuerde que Clínica Las Condes cuenta con Banco de Sangre, ubicado en el edificio gris, piso -1, con atención los siete días de la semana, de 8 a 18 horas.
 

Más información en nuestro Banco de Sangre de Clínica Las Condes.

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