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Se come las uñas

Son muchos los motivos que pueden influir en este mal hábito. Hay que corregirlo para prevenir sus complicaciones.


“Cada vez que veía a mi hijo Diego comiéndose las uñas lo retaba y le sacaba la mano de la boca… eso hasta que un día me respondió: ¿y qué tanto dices, si siempre te las estás comiendo? Entonces me di cuenta de que para ayudarlo a combatir el problema, tenía que partir yo misma dando el ejemplo. Así fue y aunque a él le costó un poco más que a mí, los dos tenemos hoy nuestras manos bastante mejor”, confiesa María del Pilar.

La imitación es uno de los principales factores que inciden en que algunos niños empiecen a comerse las uñas, aunque no es el único. “La onicofagia (así se denomina en términos médicos) está considerada como una alteración de la conducta que puede responder a un fenómeno imitativo de algún miembro de la familia o estar relacionado con algún grado de ansiedad o una forma de expresar algo en particular, por ejemplo, que el niño se siente solo o carente de afecto”, sostiene la doctora María Luisa Pérez-Cotapos, dermatóloga de CLC.

Según explica la profesional, este mal hábito puede darse con distintos grados de severidad, dependiendo de cuánto tiempo lleve el niño comiéndose las uñas y qué tan a menudo lo haga. “Hay algunos que están permanentemente en ésto y a quienes les es imposible controlar el impulso. Esos casos más severos, donde se observa una alteración considerable de las uñas, deben investigarse a fondo para determinar de qué manera se deben abordar; por ejemplo, si es necesario apoyo psicológico o psiquiátrico”.


Más que uñas feas


Además de los dedos lastimados y/o sangrantes, los signos más evidentes de esta patología en el tiempo son la destrucción de las láminas de la uña, el desgaste de los bordes de los dientes anteriores, problemas en las encías y mayor disposición a contraer infecciones en la zona de la boca. También pueden observarse alteraciones en la mordida, por lo que mientras antes se corrija, mejor será el pronóstico y menores los daños que se pueden producir. Por otra parte, en personas que tienen heridas en la zona periunguial (alrededor de la uña) es habitual la presencia de verrugas, que son difíciles de tratar. “Por ser éstas ocasionadas por el virus papiloma humano, se pueden contagiar a otras partes del cuerpo, como la zona de la boca o la zona genital, con todas las complicaciones que eso reviste.

También puede haber complicaciones bacterianas, panadizos que son muy dolorosos, e infecciones micóticas (hongos), por el hecho de mantener el medio alterado y constantemente húmedo”, subraya la dermatóloga.


¿Qué hacer?


Muchos de los niños que se comen las uñas a esta edad han tenido cuando más chicos otro tipo de conductas relacionadas, como chuparse el dedo o tirarse los cueritos de los dedos. Por eso, el llamado también es a tener cuidado en esa etapa previa. “Si bien la onicofagia es difícil de controlar, cuando el hábito está recién empezando es más fácil detenerlo. En este sentido, explicarles el daño que se producen y motivarlos con refuerzos positivos es lo más aconsejable; si la situación persiste y se hace incontrolable, lo mejor es consultar con un especialista y ver lo que hay detrás de esta conducta”, agrega la doctora Pérez-Cotapos.


Para tener en cuenta


  • Se estima que alrededor del 30% de los niños y 45% de los adolescentes se comen las uñas. En el caso de estos últimos, frecuentemente se asocia a períodos de mayor tensión, como el fin de año y los exámenes.

Tips para padres


  • Si nota que su hijo se está comiendo las uñas, trate de determinar en qué situaciones ésto es más evidente. Así podrá establecer si se trata de algo tensional, imitativo o de mera entretención.
  • Una de las maneras de evitar la onicofagia es cuidando en forma permanente las manos de los niños: mantener las uñas de un corte adecuado y recortando los cueritos que puedan molestarles (y que los puedan llevar a morderlos).
  • La aplicación de esmaltes (antiguamente utilizados) está prohibida por los médicos, ya que son tóxicos y no tienen ningún efecto en el abandono de esta conducta.
  • Para corregirlo, utilice refuerzos positivos.

Ejemplo: pedirle a su hijo que no se coma las uñas de algunos dedos o de una mano completa, mostrarle luego cómo mejora su aspecto y premiarlo por ello.

Con la colaboración de Dermatología CLC. M. Luisa Pérez-Cotapos


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