Corazón de niño

Si bien, hay niños que nacen con enfermedades coronarias, hay otros que si no cuidan sus hábitos, pueden llegar a tener una.

Según las cifras, cada 1.000 nacimientos, nueve bebés tendrán algún tipo de trastorno coronario congénito, la mayoría de los cuales son leves y no requieren tratamiento.

Pero ¿sabía usted que la obesidad y el sedentarismo están estrechamente relacionados con la hipertensión y la diabetes? Bueno, aquí cifras más alarmantes: Según el SIMCE de educación física, 40% de los estudiantes chilenos tienen sobrepeso y obesidad y sólo 1 de cada 10 escolares tiene una condición física aceptable. Un control periódico con el pediatra y hábitos saludables desde los primeros años, son las claves para enmendar el camino hacia una buena salud.


Soplo, lo más común


Las enfermedades cardíacas, por lo general, se hacen evidentes durante los primeros meses después del nacimiento del niño y se diagnostican en una rutina de control médico.

Un soplo al corazón, por ejemplo, médicamente significa que al auscultar a un niño hay un ruido que no corresponde a los sonidos habituales del corazón.

Los soplos son relativamente frecuentes en los infantes y se cree que se deben a múltiples factores, principalmente genéticos y ambiéntales.

Gran parte de ellos no requiere tratamiento, sino sólo control en el tiempo, aunque es muy importante saber a qué tipo de soplo corresponde.

Existe el soplo inocente o funcional, que generalmente se resuelve en forma espontánea con el crecimiento y, que aún si persiste en la vida, no requiere tratamiento ni control especial. Un segundo tipo de soplo, en el cual sí existe malformación, enfermedad cardíaca u otra condición, que lo produce. Van desde los más simples y que sólo requieren de controles con el médico, hasta los que necesitan tratamiento por vía quirúrgica o endovascular. La precocidad en el diagnóstico puede determinar en gran parte el éxito del tratamiento.


Azúcar y colaciones


El consumo exagerado de azúcar provoca exceso y acumulación de grasa corporal. Por esto, hay que tener claro que la colación es sólo un tentempié entre un buen desayuno y el almuerzo.


  • Una colación saludable debe ser pequeña: 1 fruta o 1 yogurt descremado, o también un poco de cereal no azucarado, o un puñado de frutos secos.
  • Dependiendo de la edad, el estado nutricional y la actividad física que realiza cada niño, su aporte debiera fluctuar entre 100 y 150 calorías.
  • Siempre evitar alimentos ricos en grasas, azúcar y sal.
  • Recalcar que los niños no necesitan comer en cada recreo, pues estos son para jugar.