Manejo del dolor

Manejo del dolor

Ya sea en el caso de dolores agudos o crónicos, los pacientes de Clínica Las Condes reciben una analgesia segura y efectiva, con los máximos estándares de calidad.

 

Hace más de dos décadas, médicos norteamericanos comenzaron a percibir que las indicaciones de manejo del dolor en el período postoperatorio seguían siendo inefectivas: más de 50% de los pacientes sentía dolor moderado a severo después de una cirugía. Así comenzaron en forma incipiente a crearse los primeros equipos médicos destinados en forma específica a evaluar y manejar el dolor, como un “traje a la medida” de cada persona. Por otra parte, en 2001 se estableció en Estados Unidos una legislación que obligaba a evaluar el dolor en todos los pacientes, consultaran o no por él. El dolor se definió a partir de entonces como el “quinto signo vital”.

Es así como antes de que se recibiera la acreditación de la Joint Comission International, Clínica Las Condes, ya contaba con la Unidad de Medicina del Dolor, que abarca no sólo el dolor agudo postoperatorio, sino también el dolor crónico. “Ambos tienen un enfoque distinto y requieren ser abordados en forma separada”, explica el doctor Herbert Spencer, anestesiólogo de CLC, creador y director de la Unidad de Medicina del Dolor.

De acuerdo a lo que sostiene el profesional, la aparición del “especialista en dolor” se debe a que muchas veces el manejo de los dolores agudos y crónicos requiere conocimientos y experiencia que escapan a la especialidad del médico tratante. “En la actualidad es posible otorgar un tratamiento multidisciplinario y a la vez individualizado, porque cada persona es distinta y su percepción del dolor es tremendamente variable, lo cual requiere una evaluación específica que permita definir los pasos correctos a seguir”.

Complicaciones del dolor

Si bien el primer y más importante objetivo en el manejo del dolor es aliviarlo, para evitar una mala experiencia en los pacientes, mantenerlo controlado es fundamental en circunstancias especiales. Es el caso, por ejemplo, de las cirugías de abdomen alto o de tórax, donde los pacientes tratan de respirar lo menos posible para evitar el dolor, suelen producirse complicaciones pulmonares serias, como atelectasias e infecciones que pueden comprometer el éxito de la operación.

“Por otra parte, cuando una persona sufre un dolor físico importante, se pone en marcha una serie de mecanismos fisiológicos que pueden poner en riesgo su vida; sobre todo si son pacientes con disminución significativa de sus reservas fisiológicas. Por ejemplo, un paciente con compromiso de su riesgo coronario puede sufrir una insuficiencia cardiaca o un infarto a causa del mismo”, advierte el doctor Spencer.

Lo anterior, sin contar que existe, además, un porcentaje de pacientes que permanece con dolor crónico posterior a una cirugía, el cual se reduce o desaparece cuando existe un buen manejo inmediato del postoperatorio.

“En el dolor crónico influyen factores somáticos o biológicos (propios del cuerpo) y, además, factores psicológicos y sociales. En este sentido, si bien en el dolor agudo el componente biológico es el más importante –sensación dolorosa después de un golpe o una quemadura, por ejemplo– los aspectos psicológicos y sociales pueden confluir en hacer de ésta una dolencia que perdure en el tiempo y se haga crónica. Actuar en forma oportuna y eficiente permite prevenir este tipo de secuelas”.

¿Por qué es importante tratar el dolor?

  • Dolor perioperatorio: no porque una persona tenga que operarse significa que necesariamente “tiene que sufrir”. El dolor en el postoperatorio es la primera causa de prolongación de la estadía en un centro de salud y, a su vez, conduce al aumento de incidencia de complicaciones de todo tipo, infecciosas, entre otras.
  • Dolor crónico no oncológico: existen numerosas enfermedades que pueden afectar a una persona por muchos años y acompañarlas incluso por el resto de sus vidas. Es el caso, por ejemplo, de las enfermedades reumáticas, degenerativas, lumbalgias, dolores cervicales, cefalea, fibromialgia, etc. y que a veces sólo tienen un tratamiento paliativo. Sin embargo, con un adecuado manejo, el paciente puede vivir con un control razonable de su dolor e incluso sin éste, y con una calidad de vida notablemente mejor.
  • Dolor oncológico: en la lucha contra un cáncer, el manejo del dolor permite mejorar la calidad al final de la vida de los pacientes, promoviendo también la adhesión a los tratamientos y el apoyo a la familia.