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Christian Pequeño: “Estoy muy agradecido de mi experiencia general en la clínica, me salvaron la vida”

10 de mayo, 2017 Actividades CLC
Un choque en moto hace cuatro años cambió el mundo de Christian Pequeño. El accidente derivó en la amputación, por debajo de la rodilla, de su pierna izquierda. ¿Qué ha pasado después de 4 años? Conoce su historia.

Christian Pequeño llegó a Urgencia de Clínica Las Condes en 2013. Un accidente en moto en agosto de ese año afectó su pierna izquierda al grado de que hubo que amputársela. “En buena hora fue la izquierda que, por ejemplo, no la necesito para manejar un auto automático”, dice hoy recuperado y adaptado completamente a su prótesis.
 
Su tratamiento, que ha incluido cuatro operaciones (la última en febrero pasado) y un período de recuperación, ha tenido un valor que no esperaba. Esto, como parte de una reducción en los costos para los pacientes del plan estratégico de expansión de la clínica, que entre sus estrategias está el acercar la medicina, infraestructura y recursos humanos de primera calidad.
 

El día del accidente


 
“Me accidenté el 29 de agosto de 2013, en Los Dominicos, donde vivía. Fui en moto al supermercado, a comprar unas cosas que mis hijas tenían que llevar al jardín al día siguiente. En ese momento ellas tenían tres años, hoy tienen siete… Eran cerca de las 9 de la noche cuando me chocaron y me cambió la vida.
 
El accidente me provocó tres lesiones: una en mi pie izquierdo, desde la parte del talón hacia delante, incluyendo la planta; otra en el fémur, que se fracturó de manera expuesta después de haber roto mi arteria femoral (una de las principales arterías del cuerpo), y una lesión grave en el húmero… El choque fue frente a la casa de un traumatólogo que me salvó la vida: evitó una hemorragia más grave.
 
Quedé semiinconsciente, pero parece que alcancé a decir que me llevaran a la Clínica Las Condes; con mi familia nos atendíamos aquí. Llegué ese jueves inconsciente y me desperté el sábado. ¿El diagnóstico? Fue de a poco, porque al principio me suturaron el pie, pero después se puso negro, se necrosó, y ahí la doctora Marta Inostroza, una mujer con un corazón muy grande, me dijo que podía dejar el pie como estaba, pero que eso significaba mala calidad de vida, o amputar, que era lo que ellos sugerían y que se traduciría en una buena calidad de vida. Me dijo que era mi decisión… Siempre voy a estar agradecido de ella, de la manera en que me lo dijo, en cómo se entregó, de su calidad humana.
 
Me dieron un plazo corto, por el riesgo a una infección, para que lo pensara. Me pasaron los exámenes y me sugirieron que si quería fuera a buscar otras opiniones. Pregunté en otras clínicas, en instituciones de Alemania y Estados Unidos y todos coincidieron en lo mismo… decidí amputarme la pierna izquierda por debajo (15 a 18 centímetros) por debajo de la rodilla. Estuve internado en la clínica cerca de tres semanas. En ese período decidí dos cosas: ser feliz y seguir produciendo porque tengo dos hijas chicas.
 
En la clínica recibí el apoyo de un psiquíatra y de un psicólogo que me visitaban. De las enfermeras, las auxiliares, que me trataron de la mejor manera. Me atienden dos traumatólogos, Gerardo Muñoz, especialista en tobillo y pie del Centro de Medicina del Deporte y, del mismo centro, Miguel Pinedo, especialista en hombro y codo. De los dos tengo la mejor opinión… Estoy muy agradecido de mi experiencia general en la clínica, me salvaron la vida.
 
Después, y contra todo tipo de pronóstico y recomendaciones, salí a trabajar con mi prótesis justo el día que cumplí seis meses desde que me había accidentado. Me recuperé muy rápido, la cicatrización fue rápida…
 
Todo fue extrañamente rápido, de hecho, nadie se explicaba cómo o por qué había sido así… Creo que también tuvo que ver que yo tenía muchas ganas de estar bien y porque, además, yo quería validar mi condición en el mundo del trabajo, porque yo tengo una vida económica altamente demandante y dependo de cómo me va lo que recibo a fin de mes.
 
Después de eso he tenido tres operaciones, una por lesión, una en el fémur, la otra fue en el muñón –como el músculo de la pantorrilla no se usa por la amputación, se atrofió, y como se atrofió la masa muscular desapareció y me quedó piel suelta, lo que provocaba que el acoplamiento con la prótesis no fuera total y eso influía en la marcha-, y la tercera, en febrero pasado, en el hombro. Ahora estoy convaleciente de esta última cirugía. Pero mi vida sigue y bien, salgo a andar en bicicleta con mis hijas y no tengo problemas con mi prótesis, excepto para meterme a la ducha.
 
Considerando la gravedad de mi accidente y lo que uno generalmente tiene internalizado que vale un tratamiento como el mío, me ha tocado pagar poco. Obviamente pensé que iba a salir mucho más. Lo que me han hecho es tanto, y estoy tan agradecido”. 
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