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María Pía Fernández, paciente con colitis ulcerosa

16 de agosto, 2018 Adultos
Durante seis meses, María Pía, actualmente de 31 años, luchó contra una colitis ulcerosa que no le permitía llevar una vida normal. La enfermedad se fue agravando, hasta que decidió someterse a una cirugía.

“El año 2011 fui diagnosticada con colitis ulcerosa. Un año antes había comenzado con los primeros síntomas: dolores de colon, mucha hinchazón y sangrado rectal. No sabía qué podía ser, creo que esperaba que se me pasara solo, pero las molestias fueron empeorando y decidí consultar con un doctor en Chillán, ciudad donde vivo, sin obtener buenos resultados. Luego fui a ver a otro especialista en Concepción, pero los síntomas seguían y tampoco me daban mucha información de la enfermedad ni de su tratamiento. Me sentía a la deriva. Hasta que el 2015 me vino una crisis muy fuerte y decidí buscar un especialista en Santiago. Fue así como encontré al doctor Patricio Ibáñez, gastroenterólogo de Clínica Las Condes.

Cuando llegué a su consulta me sentía muy desesperanzada y creía que esto no tenía solución. Había estado recién hospitalizada y me habían llenado de corticoides, pero seguía sangrando.

El doctor Ibáñez estuvo una hora y media conmigo explicándome cada detalle de la enfermedad. Me dijo que sí había solución y que íbamos a probar muchas formas de tratamiento. Fue maravilloso. Me dio la tranquilidad de que iba a estar bien.

Después de hacerme varios exámenes empecé con los medicamentos, pero mi cuerpo no los toleró, me bajaron mucho los leucocitos y decidieron cambiarlos. Probamos todos los tratamientos ambulatorios que había, pero no se veían grandes resultados. Todo ese tiempo el doctor y su enfermera, Lilian Flores, estuvieron monitoreando cada síntoma, no me soltaron, fueron como unos papás. Hasta que llegó el minuto en que el doctor me dijo que era necesario usar la terapia biológica, aunque me advirtió que había un porcentaje de pacientes a los que tampoco les funcionaba. Decidí hacerlo, y si bien al principio tuve una leve mejoría, después de la tercera dosis mi cuerpo volvió a reaccionar mal.

Había que operar

En este escenario la única opción que quedaba era la cirugía, algo que yo no quería bajo ningún motivo. Sin embargo, el doctor insistió y me hizo ver que mi vida no era normal. Yo ya me había acostumbrado a ir como trece veces al baño al día, con mucha sangre. No tenía energía para nada, estaba muy decaída y solo quería estar acostada. No podía ir a ningún lugar público ni comer nada porque todo me daba colitis. Me explicó que la operación consistía en sacarme el colon y que me tendrían que realizar una ileostomía para usar una bolsita recolectora de manera temporal.

A fines de diciembre de 2016 me derivó al doctor Claudio Wainstein, cirujano especialista en colon, y el mismo día de la consulta me dejaron hospitalizada porque me desmayé al salir. Mi cuerpo ya no daba más, pero no estaba en condiciones de resistir una operación y debía recuperarse. Sin embargo, yo seguía dudando de entrar a pabellón, hasta que el doctor me habló claro y me dijo:

“Esto es urgente. No podemos esperar”. Nunca me voy a olvidar de esas palabras. Fueron oportunas, profesionales y guiadas por Dios, porque si no me desmayo, yo no me hubiera operado nunca. Me salvaron la vida.

En la cirugía me sacaron todo el colon, me hicieron la ileostomía y me dejaron 14 cm de recto porque estaba muy inflamado y en muy mal estado. Había que esperar a la siguiente operación.

En la segunda cirugía me sacaron lo que quedaba del recto y me unieron el intestino delgado con el ano a través de un reservorio. Debía esperar una tercera etapa para olvidarme de la bolsita recolectora. En junio de 2017 entré por última vez a pabellón. Me sacaron la ileostomía y al día siguiente fui al baño de manera normal, sin sangre y sin sentirme decaída.

En ese momento empezó el proceso de recuperación que me cambió la vida. Después de todo el cansancio y de que estaba acostumbrada a ir al baño y terminar como estropajo, volver a sentirme sana y con energía fue impagable. Estoy agradecida de todo el equipo médico y de Dios, quien permitió que yo llegara a este lugar. Fue todo perfecto. Jamás pensé que iba a estar sin colitis ulcerosa. Ahora estoy sana y retomando mi vida de manera normal. Mis exámenes por primera vez están bien. Siento que volví a vivir.

Enfermedad Inflamatoria Intestinal

Desde hace un tiempo Clínica Las Condes cuenta con el Programa de Enfermedades Inflamatorias Intestinales, el que actualmente mantiene en control a cerca de 1.300 pacientes bajo la mirada de un completo equipo multidisciplinario compuesto por gastroenterólogos, radiólogos, cirujanos de colon, especialistas en anatomía patológica, nutriólogos, psicólogos y una enfermera.

“Nuestro principal objetivo es entregar a los pacientes un tratamiento que les permita restablecer su calidad de vida no solo por un periodo corto de tiempo sino de largo plazo, dejándolos llevar una vida absolutamente normal”, explica el doctor Patricio Ibáñez, gastroenterólogo y jefe de este programa.

Y para esto, dice, es muy importante que el paciente esté bien informado y pueda participar desde el punto de vista del autocontrol de la enfermedad.

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