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Madre caminando junto a su hija con alteraciones en la marcha

Alteraciones en la marcha

17 de octubre, 2019 Tratamiento y Recuperación
Hacer un buen diagnóstico es fundamental para indicar el tratamiento adecuado frente a ciertas deformidades en las extremidades inferiores de los niños, las que, en su mayoría, suelen mejorar por sí solas con el tiempo.

A medida que los niños crecen y se desarrollan, su cuerpo va adquiriendo su forma y características definitivas. Y es justamente en este proceso, que comienza al momento de nacer, cuando en algunas ocasiones los papás pueden notar que algo no funciona de la manera esperada.

“Los problemas en la marcha producto de alguna deformidad en las piernas son de las consultas más recurrentes en Traumatología Infantil y, en su mayoría, se deben a alteraciones angulares o torsionales”, explica el doctor Alejandro Baar, traumatólogo infantil de Clínica Las Condes.
 

Principales patologías



En el primer grupo están los niños que tienen rodillas juntas (genu valgo), piernas arqueadas (genu varo) y los tobillos hacia dentro (calcáneo valgo), mientras que en el segundo están los niños que caminan con la punta de los pies hacia adentro (marcha convergente) o hacia afuera (marcha divergente).

Sin embargo, es importante saber que la forma de las extremidades inferiores va cambiando progresivamente durante los primeros 7 a 8 años de vida.

“Inicialmente, todos los niños tienen algún grado de genu varo, es decir, las piernas arqueadas, pero esta situación va mejorando paulatinamente hasta alrededor de los 2 años de edad, cuando la mayoría de los niños ya tienen sus piernas derechas”, explica el doctor Baar.

Desde entonces y, a medida que el niño crece, comienza a producirse una deformidad en valgo – rodillas juntas-, que alcanza su máximo alrededor de los 4 o 5 años de edad. De ahí en adelante, y hasta los 8 años aproximadamente, las extremidades van adquiriendo su forma definitiva.

Estos problemas se hacen más evidentes cuando los niños comienzan a caminar, entre los 12 y 18 meses de edad. “Por eso, si un paciente consulta por alguna de estas deformidades, pero se encuentra en un periodo de la infancia que corresponde con la forma de sus extremidades, generalmente se trata de un proceso normal. Sin embargo, un niño de 4 años con las piernas arqueadas, claramente está fuera del rango de edad aceptable, y requiere atención y estudio”, explica el doctor Baar.

En el caso del calcáneo valgo –tobillos hacia adentro-, es muy frecuente en todos los niños hasta los 5 o 6 años de edad y tiene que ver con una mayor laxitud de los ligamentos del tobillo.

Las alteraciones torsionales, en cambio, se manifiestan una vez que inicia la marcha. Y en general, también siguen un patrón relativamente predecible: desde la marcha con la punta de los pies hacia adentro hasta la forma definitiva, con una ligera torsión hacia afuera.

En los niños más pequeños, la marcha convergente –pies hacia adentro- puede deberse a una deformidad simple de los pies, conocida como metatarso varo, la cual es evidente al momento del nacimiento, o a una torsión interna fisiológica de la tibia, que se hace evidente cuando el niño comienza a caminar.

En la gran mayoría de los casos, la causa es una torsión interna del cuello femoral. Esta última condición tiende a mejorar espontáneamente, sin necesidad de tratamiento, hacia los 8 0 9 años de edad. “La diferenciación de estas condiciones es muy fácil de hacer por parte del traumatólogo infantil”, comenta el especialista.
 

La importancia del tratamiento



Si bien muchas de estas alteraciones tienden a mejorar de forma espontánea, existen otras causas de deformidades de los miembros inferiores que requieren de un pronto diagnóstico para poder iniciar un tratamiento oportuno y exitoso.

Algunos ejemplos de esto son la enfermedad de Blount, ciertas displasias esqueléticas o el raquitismo hereditario ligado al cromosoma X, todas estas causantes de genu varo y que, diagnosticadas oportunamente, permiten evitar grandes deformidades con importantes consecuencias en la marcha.

Además, tanto el genu varo como el genu valgo severo llevan a un desgaste anormal del cartílago articular de la rodilla, con una mayor probabilidad de desarrollar artrosis a edades tempranas, lo que provoca dolor, dificultad para la marcha y discapacidad.

Las deformidades torsiones persistentes, en cambio, no necesariamente se asocian a consecuencias a largo plazo, pero sí pueden interferir con la marcha y el desempeño deportivo de los pacientes. En algunos casos, también son motivo de inestabilidad de la rótula, con dolor y episodios de luxación a repetición. “En aquellos casos en que la deformidad es muy severa e interfiere con las actividades cotidianas del paciente, es necesario realizar algunos procedimientos”, dice el doctor Baar y explica que, para el caso de las deformidades angulares, el uso de plantillas no tiene ningún sustento científico y carecen de toda utilidad.

“En estos pacientes se recomienda el “crecimiento guiado”, que consiste en una pequeña cirugía cuyo objetivo es modular la función del cartílago de crecimiento, de manera que el propio desarrollo del paciente le permita enderezar sus extremidades”, explica.

Si se trata de algunas condiciones específicas con la Enfermedad de Blount en niños muy pequeños, puede intentarse el uso de órtesis correctoras, sin embargo, lo más recomendable es la cirugía para corregir la deformidad.

Lo mismo sucede si se trata de deformidades torsionales. “Aquí definitivamente no hay cabida para medidas externas como plantillas, órtesis o correas derrotadoras. Estas condiciones, si no mejoran espontáneamente, solo pueden corregirse mediante una cirugía. Por eso, muy rara vez se indica una intervención antes de los 10 o 12 años”.
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