Dar a luz sin dolor

La anestesia para el parto es una de las más seguras, tanto para la madre como para el recién nacido. Las complicaciones graves son tan excepcionales, que para evaluar su frecuencia se deben estudiar series de millones de casos.


En la actualidad se puede ofrecer a las futuras madres un alivio efectivo y seguro del dolor en el trabajo de parto. Para ello hay varias alternativas, las que van desde la administración de analgésicos por vía endovenosa o inhalatoria hasta la realización de técnicas de anestesia regional. Paralelamente a la labor del anestesiólogo, existen métodos complementarios para mejorar la tolerancia al dolor de las contracciones sin el uso de medicamentos. Estos se basan en ejercicios, masajes, técnicas de respiración y baños de agua caliente, entre otros.

“En nuestra experiencia, éstas pueden ser muy útiles en las etapas iniciales del trabajo de parto, sin embargo, en las más avanzadas suelen ser insuficientes para el alivio que la mayoría de las mujeres esperan”, señala el médico anestesista de Clínica Las Condes, Jorge Gigoux.

El facultativo explica que, hasta hace unos 15 años, la técnica anestésica más usada era la peridural. Sin embargo, ella ha sido progresivamente reemplazada por la combinada espinal epidural o simplemente combinada. “Esta permite aliviar el dolor materno en forma más rápida, efectiva y predecible, pero además lo hace con dosis menores”.

El doctor Gigoux explica el procedimiento, que empieza con una conversación con la paciente. Una vez que se ha solicitado la anestesia, se procede a desinfectar la zona lumbar de la paciente y luego se administra una inyección de anestesia local, que es sentida como un pequeño pinchazo y un leve ardor. En ese momento comienza la colocación de la anestesia combinada propiamente tal. “Gracias a la anestesia local infiltrada previamente, esta etapa es indolora, y en general, es acompañada solamente por una leve sensación.

Durante el procedimiento, se administra la dosis inicial de anestesia y además se deja instalado en el espacio epidural un catéter que permitirá administrar las siguientes dosis anestésicas, en la medida que vayan siendo necesarias. El alivio del dolor es muy rápido, lográndose en un plazo de cinco a 15 minutos”.

En la gran mayoría de las pacientes, la primera dosis logra el alivio completo del dolor en pocos instantes, pero, ocasionalmente, puede ser necesaria una segunda dosis. “Al momento de la entrevista inicial, es importante tratar de precisar cuáles son las expectativas maternas con respecto a la anestesia. Si bien algunas mujeres quieren sentir lo más posible e incluso tolerarían tener un poco de dolor durante el parto, hay muchas otras para quienes lo prioritario es no sentir ningún dolor, aunque esto sea a costa de tener menos sensaciones y más adormecimiento en sus piernas”.

El médico advierte que si bien no existen técnicas o procedimientos en medicina que no tengan riesgos, la anestesia para el parto es una de las más seguras, tanto para la madre como para el recién nacido.

“Las complicaciones graves son tan excepcionales, que para evaluar su frecuencia se deben estudiar series de millones de casos”. Lo que sí puede ocurrir con cierta frecuencia, puntualiza, son algunos efectos secundarios, como pequeñas bajas de presión, prurito y náuseas, pero que no pasan de ser molestias pasajeras y sin consecuencias de consideración.

Para las cesáreas suele usarse la misma técnica de anestesia combinada, pero por tratarse de una cirugía, se requieren dosis mayores. “Al igual que en el parto, se trata de una técnica anestésica extremadamente segura tanto para la madre como para su hijo”, destaca.

Parto sin anestesia

Cuando el parto transcurre en forma normal y espontánea, el beneficio de recibir anestesia es simplemente no tener dolor. “En estos casos, me parece que es una opción absolutamente válida y respetable la de querer tener el parto sin anestesia”, explica el doctor Gigoux.

Aclara también que “desgraciadamente, no son pocas las ocasiones en las cuales el rol de la anestesia y del anestesiólogo van mucho más allá que sólo el alivio del dolor”. Enumera entre ellas las cesáreas de urgencia por sufrimiento fetal o por complicaciones inesperadas durante un parto que, aparentemente, transcurría en forma normal, los sangramientos excesivos posparto, los trabajos de parto en mujeres con enfermedades crónicas y/o patologías del embarazo. “Ellos son sólo algunos de los ejemplos de situaciones en las cuales la labor del anestesiólogo, en conjunto con el resto del equipo médico, será vital para dar la mayor seguridad posible tanto a la madre como al recién nacido. En todos estos casos, el rechazar o retrasar el inicio de la anestesia más allá de lo prudente puede efectivamente traducirse en un mayor riesgo”, dice y advierte que en la actualidad, las técnicas anestésicas de las que disponemos nos permiten devolverle a la madre que necesita anestesia, el control de su parto, pero además brindarle seguridad y bienestar físico y mental.

Seguridad para el niño

Los anestésicos usados en las técnicas regionales no tienen efectos directos en la guagua por nacer. Esto se debe a que ellos ejercen su efecto en forma local, inhibiendo la transmisión de los impulsos dolorosos, sin pasar en forma significativa a la circulación materna y por tanto, sin llegar al feto.

“Cuando no es posible realizar alguna técnica de anestesia regional y se deben usar otros anestésicos por vía endovenosa o inhalatoria, estos medicamentos atraviesan la placenta y tienen básicamente el mismo efecto sobre el feto que el que tienen sobre la madre. Esto no suele producir ningún daño o secuela en el recién nacido, sin embargo, al momento de nacer, este vendrá anestesiado y deberá ser asistido por el neonatólogo durante algunos momentos, hasta que comience a despertarse”, señala el doctor, quien también puntualiza que cuando cualquiera de las técnicas antes mencionadas se realizan en forma poco prolija, sin respetar las recomendaciones vigentes y/o sin contar con los recursos técnicos y humanos adecuados, “se expone a los pacientes, madres y bebés, a mayores riesgos”.