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Niños

Mañas con la comida

De todas maneras, hay que tener en cuenta de que, cuando un niño no come, es porque existe una alteración en las dinámicas involucradas a la hora de comer. Es decir, cuando alimentarlo se transforma en un problema, hay que consultar al pediatra o al nutriólogo infantil, con el fin de realizar una evaluación nutricional, ajustar las porciones a los requerimientos de cada niño, establecer rutinas y horarios a la hora de comer e intenta, de esta forma, disminuir la ansiedad de los padres ante este problema.

Hábitos

Para los niños que no comen, algunos especialistas hablan de un síndrome que se gatilla al momento de nacer. Esto, porque es poco común que un lactante menor no coma bien o suficiente, por lo que siempre hay que descartar alguna patología asociada.

Ahora, cuando están más grandes, hay que enfocarse principalmente en los hábitos, porque de ahí derivan la mayoría de los problemas. Entonces, lo adecuado a esta edad sería comer cuatro comidas al día: desayuno, almuerzo, once y cena. La porción debiera ser del tamaño de una taza (lo que varía según los requerimientos personales). También hay que incluir cinco raciones de frutas y/o verduras y entre dos a tres porciones de lácteos diarios (en lo posible leche de vaca y no sus derivados). Si se incluye una colación, que no es esencial, ojalá sea una fruta o un lácteo. Otro dato clave, evitar el picoteo a deshora.

Por otra parte, la hora de comer debe ser una rutina más del día, evitando las distracciones como ver televisión o jugar mientras se come. Lo ideal es que el niño coma siempre en el mismo lugar, bien sentado (no en brazos) y por un período determinado, no más de media hora.

A partir de los tres años puede comenzar a incorporarse gradualmente a la dinámica familiar. Los modelos se establecen desde muy pequeños y de por vida. Por eso hay que pedir ayuda pronto si nota problemas. Cambiar de costumbres familiares y los hábitos a edades más tardías es más difícil. Se puede, pero cuesta mucho más.

¿Está enfermo?

El resultado de una mala alimentación puede traducirse en desnutrición, compromiso en el desarrollo físico e intelectual, mayor riesgo de infecciones y otra serie de alteraciones.

Por ello, si una vez establecidos correctamente los hábitos de alimentación el problema persiste o si existe un compromiso en la talla o el peso, es importante descartar en forma activa y precoz una patología asociada como, por ejemplo, trastornos en la absorción de nutrientes, alteración en la función de distintos órganos como riñón, hígado, infecciones intercurrentes, entre otros.

En estos casos no existen exámenes de rutina como fórmula, por lo que se ve caso a caso y ajustado a cada niño. Ahora, si en algunas circunstancias puntuales al detectar déficit de nutrientes específicos, los especialistas pueden indicar suplementos de vitaminas o minerales, pero es importante aclarar que estos no hacen engordar o no aumentan el apetito, como muchos piensan.

Cómo tentar con la comida

  • Comer siempre o mismo aburre. Evita la monotonía.

  • En lo posible, impide golosinas, picoteo y exceso de jugos, así llegará con hambre a su próxima comida.

  • No te desesperes. Es la regla de oro para padres de hijos con dificultades para comer.

  • No lo fuerces a comer, pero insiste. Hay que hacer el esfuerzo.

  • Pon límites. No tengas al niño sentado frente a la comida por más de media hora.

  • Si no come a la hora establecida, lo ideal es que no lo hagas hasta la próxima comida.

  • Las porciones deben ajustarse a sus necesidades, aproximadamente 1 taza a esa edad.

  • Un niño necesita probar hasta 10 veces un alimento para adquirir el gusto. Si lo rechazó la primera vez, no te des por vencida.

  • Hay que incorporar cosas nuevas, pero de a poco.

  • La forma, el color y la textura de la comida importan. Haga que el plato se vea atractivo.

 
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