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Mujer de 50 lee revista sentada en un sofá

Esclerosis múltiple: atenta a sus síntomas

24 de junio, 2019 Tratamiento y Recuperación
Esta enfermedad autoinmune afecta principalmente a mujeres entre los 20 y 40 años.

La esclerosis múltiple es una enfermedad poco común y de origen autoinmune, es decir, las defensas del paciente están alteradas (sobreestimuladas). Así, ataca la mielina (capa de grasa que rodea y protege a las neuronas) y la destruye. Como consecuencia, se produce inflamación del sistema nervioso central (cerebro, médula y/o nervio óptico) y neurodegeneración a largo plazo.

Predomina en mujeres de edad media (entre 20 y 40 años) y es más frecuente en la raza caucásica, explica la doctora Marianne Kägi, neuróloga de Clínica Las Condes y del Centro Médico de Peñalolén . “Se desconoce su causa. Influyen tanto factores genéticos como ambientales. En un 10% de los casos existe agregación familiar (varios miembros de la familia afectados por la enfermedad)”, indica.

Su forma de presentación más frecuente es con brotes (síntoma neurológico deficitario) que generalmente se recuperan. Sus síntomas son variados y dentro de ellos destacan:
 
  • Pérdida o disminución brusca de la visión de un ojo, generalmente acompañada de dolor.
  • Hormigueo y adormecimiento de cara y/o extremidades.
  • Debilidad de una o varias extremidades.
  • Vértigo.
  • Desequilibrio y dificultad para caminar, entre otros.

“Éstos se instalan en un lapso de horas a días y duran más de 24 horas. A diferencia de un infarto cerebral que se presenta en un par de minutos”, explica la doctora.

La enfermedad también presenta síntomas neurológicos paroxísticos, es decir que van y vienen durante el día, como sensación de corriente por la espalda al flectar el cuello, hormigueo de extremidades, dolor en extremidades, etc. Se producen porque el impulso nervioso se transmite más lento y generalmente sucede cuando aumenta la temperatura corporal (ejercicio, fiebre, temperatura ambiental elevada, saunas, entre otros).

Junto con estos síntomas el paciente puede experimentar también cansancio generalizado (fatiga) y dificultades de concentración y memoria. “Esta enfermedad se comporta muy diferente en cada paciente. Cada paciente es diferente”, dice.

Su tratamiento se puede dividir en dos:
 
  • El tratamiento de los brotes, en el que se utilizan antiinflamatorios (corticoides) endovenosos por 3-5 días, en general.
  • El tratamiento de la enfermedad propiamente tal, que requiere un tratamiento para modular el sistema inmunológico (que está anormalmente activo) para evitar la inflamación aguda (brotes) y crónica.
 
“Mientras antes se inicie el tratamiento, mejor. Existe una gran gama terapéutica, sin embargo, la decisión de qué fármaco utilizar es de carácter individual (diferente en cada caso) y requiere de una evaluación clínica exhaustiva. Algunos de estos tratamientos se encuentran bajo cobertura GES (AUGE) y otros de mayor potencia cubiertos por la ley Ricarte Soto”, asegura la especialista.
 
 
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