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Niños en el jardín

Un nuevo año escolar

03 de marzo, 2014 Niños
Ajustarse a un nuevo período escolar trae grandes desafíos para niños y jóvenes. Buenos hábitos, alimentarse bien y dormir lo suficiente son algunas de las herramientas. Sin embargo, ¿qué otros factores debemos considerar?

 

El inicio de un año académico contempla varios factores aunque, en gran medida, hay algunos que dependen de los padres y cómo acompañan a sus hijos en la aventura de aprender. Por ejemplo, ¿fomentas los hábitos de estudio en tus hijos?, ¿sabes cuáles son las colaciones más saludables?, ¿conoces cómo apoyar a tu niño en su primer día de clases? A continuación, algunos de los aspectos más relevantes en este período y el consejo de los especialistas de Pediatría y del Centro de Adolescentes y Jóvenes para un año sin mayores contratiempos.

Primer día de clases

Si bien algunos niños a esta edad han tenido la experiencia de separarse de sus padres previamente –al quedarse con abuelos u otros familiares– y podrían no experimentar angustia, otros pueden manifestar conductas más aprensivas al verse en esa situación. Es que entrar al jardín infantil o ir por primera vez al colegio es un desafío para cualquier niño, independiente de la edad. En este sentido, los papás juegan un rol relevante pues determinan la forma en que ellos experimentarán este nuevo camino.

Las recomendaciones son:

  • Los padres deben ser consistentes en transmitir confianza y estimular siempre, de acuerdo a la edad, la mayor autonomía posible: enseñarles a vestirse solos, alimentarse, ordenar sus juguetes, jugar.
  • Se sugiere que el niño conozca la sala donde estará, las ventajas de esta nueva experiencia: lo acogedor del lugar, lo entretenido de los juegos, de tener nuevos amigos y de aprender, y que se familiarice con la persona que lo va a recibir.
  • Motiva a tu hijo con mensajes positivos y evita amenazas como “allá no te van a dejar hacer lo que tú quieras” o “vas a tener que aprender a hacer las cosas solo”.
  • Aunque es normal que los niños no quieran soltarse de sus papás los primeros días, trata de no alargar las despedidas. Explícale que lo va a dejar ahí un rato y que luego lo pasará a buscar. Transmite seguridad y no traspase su angustia.
  • No hagas coincidir la entrada al jardín infantil o al colegio con otra situación ‘estresante’ para el menor, como el nacimiento de un hermano, la separación de los padres o el haber dejado los pañales o el chupete, entre otros.
  • Si transcurrido el período normal de adaptación, el niño presenta cambios de ánimo, irritabilidad, trastornos de esfínter o alteraciones de sueño persistentes por dos o más semanas, es importante solicitar una evaluación por parte del pediatra o un especialista para descartar un trastorno adaptativo.
 

Nuevo colegio

Son muchos los factores que pueden existir para decidir un cambio de colegio: económicos, traslado de ciudad, no estar contentos con la formación, exigencias demasiado altas, repitencia, problemas de conducta, etcétera. Sin embargo, si alguno de tus hijos debe enfrentar ese cambio, lo importante es ayudarlo a que se concentre en abordarlo de la mejor manera posible y sacar el máximo provecho de esta oportunidad.

Los primeros días:

Es muy normal que ante un cambio de colegio el menor se sienta ansioso, inseguro o incluso un poco temeroso, ya que se enfrentará a situaciones nuevas y desconocidas. Una buena idea es que el niño vaya y recorra el colegio antes del primer día de clases y que conozca y converse con alumnos del nuevo colegio para que le cuenten sus vivencias, cómo lo pasan y lo puedan acoger a su llegada. Una vez iniciada las clases, es bueno que se inscriba en actividades extraprogramáticas para encontrarse con pares que compartan sus mismos intereses. Como padre, debes estar al tanto de qué le está sucediendo y cómo lo está pasando. Mantente disponible para escuchar y acoger los temores y aprensiones de tu hijo.

El peso de la mochila

Considerando que actualmente 90% de los colegiales usa mochila y el peso varía entre 10 y 22% del peso corporal del niño, se debe saber que la presión que una mochila ejerce sobre los hombros de un niño que lleva el 20% del peso corporal es suficiente para producir una oclusión del flujo sanguíneo a las manos.

Por otra parte, el uso de la mochila sobre un solo hombro produce, en 73% de los casos, alteraciones posturales (las lesiones producidas por el uso de mochilas son un 12% en hombros y un 11% en espalda). Por lo tanto, se recomienda no exceder el 20% del peso del cuerpo en mochilas, apoyarlas en la parte alta de la espalda y sobre ambos hombros. Si se debe llevar más peso o ya se tiene molestias, se sugiere mochilas con ruedas.

Problemas de rendimiento

¿Sabías que el 30% de los niños que tiene dislexia en 1º básico presenta, además, déficit atencional? ¿Y que más de 10% de los niños y adolescentes tiene algún problema de desarrollo o aprendizaje que requiere diagnóstico y tratamiento? El que un niño tenga bajo rendimiento escolar depende de muchos factores que, generalmente, se vienen desarrollando desde que era muy niño, por lo tanto, si su hijo ha tenido algún problema es fundamental que continúe con un seguimiento durante toda la etapa escolar.

Déficit atencional:

Es una conducta que se manifiesta en la dificultad de desarrollar madurez neurológica y que se caracteriza por presentar tres tipos de síntomas: inatención, hiperactividad e impulsividad. En el déficit atencional de predominio atencional los niños cometen errores en las tareas y presentan dificultad para terminar los deberes. Además, olvidan y pierden cosas frecuentemente y les cuesta organizarse. Cuando hay impulsividad, al niño le cuesta mantenerse sentado, se mueve constantemente en su asiento o juega con algún objeto. También habla excesivamente, tiene dificultad para respetar turnos, contesta antes de terminar la pregunta e interrumpe frecuentemente a otros. Esto provoca dificultades en la conducta y relaciones sociales.

Dislexia:

Es una complicación principalmente en el área del lenguaje que se hace evidente en los niños que le hacen el quite a la lectura, los que tienen problemas en la fluidez y comprensión lectora y quienes presentan dificultades en desarrollar un pensamiento lógico acorde a su edad. También pueden existir dificultades en la escritura. Hay alumnos que nunca toman apuntes, no por flojera sino porque no tienen capacidad motriz de coordinación (disgrafía). Otros tienen obstáculos específicos en las matemáticas, lo que se denomina discalculia. Para el diagnóstico de dislexia es necesario realizar una evaluación clínica protocolizada del nivel lector, para lo cual existen múltiples escalas o pruebas. Sin embargo, la observación temprana permite identificar los niños con mayor riesgo de padecer este trastorno.

Otros problemas:

Hay familias en las que se ve cierta desorganización, disfunción, caos. Debido a esta situación familiar, lo más probable es que al menor le sea muy difícil encontrar un espacio para estar tranquilo y poder estudiar. Por esta razón es muy importante preocuparse que los hijos logren hábitos y técnicas de estudio eficientes, ya que se relacionan directa y positivamente con la motivación, el rendimiento escolar y, en el futuro, facilitarán el estudio universitario y la actividad laboral. Por último, está el caso de los padres demasiado exigentes que, por lo general, son muy exitosos y piden sin límites a sus hijos.

Mucho ojo

Los niños no dicen que ven mal. Es más, ellos no saben que pueden estar viendo borroso o que, tal vez, les está costando enfocar de cerca o de lejos. Por esta razón, los controles oftalmológicos anuales son fundamentales a todas las edades, sobre todo a partir de los 4 años, cuando entran al colegio, pues se ha comprobado que más de 20% de los escolares se ve afectado por algún problema ocular.

Dormir bien, rendir más

Según los estudios, la falta de sueño en niños y adolescentes puede ser una bomba de tiempo ya que, problemas cognitivos y emocionales, bajo rendimiento escolar, accidentes y enfermedades psicológicas se asocian a ella. Además, en las últimas dos décadas los investigadores han descubierto que los adolescentes necesitan más sueño que niños y adultos para funcionar en forma óptima al día siguiente: desde el inicio de la pubertad hasta después de los veinte años, requieren alrededor de nueve horas, sin embargo, muy pocos lo hacen en forma regular. Así, si van quedando con una deuda de sueño (que sólo se paga durmiendo), empiezan a aparecer otra serie de efectos secundarios como ánimo bajo, rabia, pena, miedo, dificultad para controlar emociones, problemas de conducta o el sentirse deprimido. Incluso algunos síntomas de somnolencia, como la incapacidad de concentrarse, impulsividad, dificultad para estar quieto, problemas para completar tareas se parecen a los síntomas del déficit atencional con hiperactividad. Por otra parte, estudios realizados en el Harvard Medical School también han descubierto que el aprendizaje continúa mientras la persona duerme: el cerebro consolida y retiene lo aprendido en el día durante las horas de sueño. Esto significa que dormir bien después de haber estudiado o aprendido algo es tanto o más importante que un buen sueño reponedor después de una prueba.

¿Cómo ayudarlos a adquirir buenos hábitos de sueño?

  • Evitar cafeína y otros estimulantes en las tardes, y alcohol por las noches.
  • Bajando las luces de la casa en las tardes y exponiéndolos a mucha luz solar al despertar.
  • Bajar revoluciones antes de ir a dormir y procurar un ambiente propicio e inductor de un buen sueño: acostarse alrededor de las 22 horas, y apagar el computador y la tv por lo menos una hora antes.
  • Dejarlos dormir los fines de semana, pero no más de 2 a 3 horas más tarde que la hora de despertar habitual. Pegarse “atracones de sueño” confunde más el reloj interno.
  • Si el horario de vacaciones fue muy diferente al escolar, la transición debe ser suave. Puede tomarle desde algunos días hasta algunas semanas adquirir un sueño reparador.
 

Colaciones

Muchas mamás se preguntan qué mandar de colación a sus hijos pero pocas se preguntan si hay que hacerlo o no. En el Centro de Nutrición y Bariátrica se señala que la colación sólo es necesaria cuando pasan más de 4 horas entre el desayuno y el almuerzo. Si es inevitable, ésta debe ser pequeña: 1 fruta o 1/2 taza de fruta picada o 1 jugo de soya o 1 yogurt descremado o un poco de cereal no azucarado o palitos de verduras o frutas secas. Los niños no deben llevar alimentos ricos en grasas, azúcar y sal como papas fritas, galletas, golosinas, jugos o bebidas azucaradas.

Materiales escolares tóxicos

La intoxicación por materiales escolares se puede dar por muchas razones. Entre las más conocidas se destaca el chupar o mascar las minas de los lápices y la pintura que los recubre. Ésta puede tener plomo, sustancias o minerales tóxicos. Otro es el caso de las reglas, ya que los plásticos pueden tener solventes dañinos para la salud, al igual que los plumones para pintar. Cuidado: para evitar intoxicaciones con útiles escolares, lo único que se puede hacer es comprar en comercios establecidos y responsables, y adquirir aquellos que cuenten con un sello que diga: no tóxico.

Habilidades sociales

Tener habilidades sociales, regular la expresión de las emociones y aprender a resolver problemas facilitan el tener una autoestima positiva, seguridad y confianza. Si hay dificultades en el desarrollo de estos procesos, se pueden originar conductas desadaptativas que es necesario tratar a tiempo.

La intervención grupal es la terapia más indicada para reaprender y ensayar estas habilidades y, en Clínica Las Condes el programa organizado por la unidad de psiquiatría infantil está orientado a niños en edad escolar, básica y media, con problemas conductuales, emocionales y del desarrollo.

Atención padres

  • Los jóvenes deben dormir por lo menos 9 horas diarias para rendir adecuadamente.
  • Jamás salir de la casa sin haber tomado desayuno.
  • Se les debe procurar un ambiente apto para el estudio.
  • Se debe mantener una buena comunicación con el colegio y formar una alianza, no una “guerra”.
  • No focalizar la atención sólo en las notas. Lo importante es fortalecer y reconocer el esfuerzo.
 
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