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Doctores CLC

“Uno lucha por dar vida y ahora me tocó estar al otro lado”

09 de diciembre, 2020 Urgencia
Después de sobrevivir a dos paros cardiorrespiratorios, el doctor Luis Cabezas agradece a quienes le salvaron la vida y asegura que, si no hubiera llegado a urgencia de Clínica Las Condes, su historia habría sido distinta.

E l 1 de noviembre de 2019, el doctor Luis Cabezas, jefe de Otorrinolaringología de Clínica Las Condes, llegó a urgencia sin imaginar lo que vendría después. Llevaba algún tiempo sintiéndose un poco cansado y con menos energía, algo muy poco usual en él, pero no le había dado mayor importancia y sólo lo atribuía al exceso de trabajo y al hecho de que todas las mañanas se levantaba a las 4:45 para salir a correr -había participado en 28 maratones- y luego llegar a las 7:15 a la clínica para ver a sus pacientes.

Sin embargo, esa mañana de sábado fue distinta. Sentía algo de náuseas y un extraño dolor en el cuello, por lo que su señora lo obligó a ir a la clínica, a pesar de su negativa inicial.
 
“Yo me sentía bien, pero me empecé a asustar cuando me trasladaron a la sala de reanimación después de que me hicieran un electrocardiograma, porque soy bien cobarde para estas cosas. Fue justamente ahí cuando me vino el paro, pero no recuerdo prácticamente nada. Sólo me acuerdo de que en algún minuto me desperté por el desfibrilador, con un dolor muy fuerte como un puntapié bajo la clavícula izquierda, pero luego perdí completamente la conciencia”, cuenta.
 
Lo que el doctor Cabezas supo después, fue que estuvo 70 minutos con paro cardiorrespiratorio. Durante todo ese tiempo el equipo médico no cesó de realizar maniobras de reanimación, pero debido a su extrema gravedad fue necesario conectarlo a ECMO, un sistema de oxigenación por membrana extracorpórea que permite mantener al paciente oxigenado en todo momento, disminuyendo la posibilidad de secuelas a nivel cerebral y aumentando la sobrevida.
 
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“Yo entré caminando a la clínica y terminé en la UTI, conectado a ECMO, intubado y sin entender mucho lo que pasaba. Cuando desperté me explicaron que lo que había tenido era una endocarditis bacteriana debido a una infección en las válvulas del corazón. Eso había destruido la válvula aórtica y un pedazo de esa válvula se había metido en la coronaria, provocando un infarto y posteriormente un paro. Se trataba de algo muy poco común y era necesario hacer una cirugía de recambio valvular. Yo sabía que la presión de todo el equipo médico era enorme, porque yo era un enfermo muy particular, ya que todos los médicos que me atendieron eran mis amigos y para ellos todo fue muy fuerte, había mucha tensión y me puedo imaginar la responsabilidad que caía sobre sus hombros”, recuerda.
 
Por eso, cuando despertó de la cirugía a corazón abierto con recambio valvular aórtico y mitral, realizada por el equipo de cardiocirujanos liderado por su amigo el doctor Edgardo Sepúlveda, la alegría era total, ya que todo había salido bien. Poco a poco empezó a recuperarse y comenzó a pararse y caminar con muletas. En eso estaba cuando a los pocos días, estando aún en la UTI, se le produjo un segundo paro cardiorrespiratorio, esta vez de 40 minutos de duración.
 
“Nadie lo esperaba y fue terrible para los doctores y las enfermeras”, comenta. Nuevamente fue conectado de inmediato a ECMO y cuando despertó debió empezar la rehabilitación desde cero. “Yo siempre trato de ponerme en el lugar de mis pacientes y sufro junto con ellos, pero nunca me imaginé que iba a vivir algo así. Uno lucha por dar vida y ahora me tocó estar al otro lado”, dice emocionado.
 
Dos meses después el doctor Cabezas fue dado de alta y a los pocos días viajó al sur para continuar su recuperación. “Estaba muy demacrado, había bajado 15 kilos y había perdido mucha masa muscular, pero poco a poco fui retomando algo de actividad física y sintiéndome cada vez mejor”, cuenta.


En mayo de este año volvió a la consulta completamente recuperado, sin ninguna secuela. Y aunque por el momento las maratones no están en sus planes inmediatos, sí continúa practicando ejercicio en forma diaria y, lo que es más importante, disfrutando de su familia y sus amigos.


“Mis hermanos y mis hijos estuvieron junto a mí durante esos dos meses, dejando todo por estar a mi lado. Al igual que Gabriela, mi señora, quien soportó esos dos meses y me salvó llevándome a la clínica. Uno sabe que la vida es corta, pero no tiene conciencia de lo vulnerable que es. Estas experiencias te cambian la forma de ver las cosas. Todo lo material queda a un lado y valoras más que nunca a tu familia, a tus amigos y la fe. Porque en momentos de tanta desesperación hay que creer en algo a lo cual aferrarse”, confiesa.
 
Sin embargo, asegura que siempre confió plenamente en el equipo que lo estaba tratando y sabía que estaba en el lugar adecuado. “Sé que se desvivieron por mí, igual como lo hacen con todos los pacientes. Le debo la vida a la clínica”, concluye.
 

ECPR: la última frontera de la reanimación cardiopulmonar

 
“Si no hubiera llegado a Clínica Las Condes el doctor Cabezas no nos podría contar su historia hoy”, asegura el doctor Luis Herrada, jefe de Urgencia y Rescate de Clínica Las Condes, única urgencia en el país que tiene operativo el programa de reanimación extracorpórea (ECPR) a través de la Unidad de ECMO CLC.
 
Se trata de un soporte artificial, que funciona como terapia puente, utilizando un moderno dispositivo que reemplaza transitoriamente la actividad respiratoria y cardiaca en espera del diagnóstico y tratamiento definitivo de un paciente que ha sufrido un paro cardiorrespiratorio.
 
“Según cifras de la America Heart Association, con las medidas de reanimación habituales solo un 10% de los pacientes sobrevive a un paro cardiorrespiratorio fuera de un hospital, mientras que un 25% sobrevive a un paro cardiorrespiratorio dentro de un hospital. El servicio de urgencia de Clínica Las Condes, en conjunto con las áreas críticas -intensivo y coronaria- y la unidad de ECMO, cuenta con un protocolo avalado por la literatura y la experiencia internacional para el uso de este dispositivo. En este caso, se aplicó el protocolo de excelente manera. Todos sabíamos que teníamos una presión extra, ya que el que estaba al frente era uno de nuestros colegas; sin embargo, como equipo logramos manejar muy bien la situación”, explica el doctor Herrada.
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