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Trasplante Hepático en Niños

23 de febrero, 2018 Niños
¿Qué pasa cuando el hígado deja de funcionar? Conoce cuáles son las causas más frecuentes y cuándo se llega a un trasplante hepático.


El hígado es un órgano sólido, blando y triangular, localizado al lado derecho del estómago, y es el más grande del cuerpo. Posee muchas funciones como la limpieza de diferentes tóxicos de la sangre; la producción de bilis que ayuda en la digestión de los alimentos; sintetiza las proteínas, carbohidratos y lípidos; y almacena energía. Por esta razón, cuando el hígado deja de funcionar, el niño puede enfermarse gravemente e incluso fallecer.
 
El hígado puede caer en una falla hepática por diversas razones. “En niños, la causa principal son las complicaciones de la Atresia de Vías Biliares (AVB). En esta enfermedad, los ductos biliares (canales que llevan la bilis del hígado hacia el intestino) se dañan y no permiten el paso de ella. Esto lleva a la cirrosis, que es el daño irreversible del tejido”, explica el doctor Juan Ignacio Juanet, gastroenterólogo infantil de Clínica Las Condes.
 
El origen de la AVB es aún desconocido, y se desarrolla a las pocas semanas de vida, o incluso en algunos niños, antes de nacer.
 
Otras causas frecuentes de falla hepática son:
 
Falla Hepática Aguda: El hígado deja de funcionar al cabo de 8 semanas. Esto puede suceder por diversas razones. En nuestro país, las principales son por infecciones virales y las que no se logran llegar a un diagnóstico final (Idiopáticas).
 
Hepatitis Autoinmune: Inflamación del hígado por anticuerpos producidos por el mismo cuerpo.
 
Hepatoblastoma: Tumor maligno de origen hepático.
  

¿Cuándo se llega a un trasplante hepático?


 
El trasplante hepático es un procedimiento quirúrgico mayor, que demora en promedio 6 a 8 horas en realizarse. El hígado es removido y reemplazado por otro o parte de otro nuevo. “Esto se lleva a cabo cuando se han agotado todas las técnicas y medidas terapéuticas posibles para curar dicho órgano. La gran mayoría de los trasplantes son exitosos y los niños que se someten a ello, llegan a llevar una vida normal”, comenta el pediatra.
 
Los donantes pueden ser cadavéricos o vivos. Los primeros, corresponden a los que en vida han acordado donar sus órganos al fallecer y los segundos, son familiares del paciente que donan parte de su hígado. En el caso del trasplante de donante vivo, tanto el donante como el niño receptor, en cuestión de semanas, vuelven a tener un tamaño hepático adecuado debido a la regeneración celular del órgano.
 
 

Recuperación del trasplante hepático


 
La cirugía, el post operatorio, las posibles complicaciones y los cuidados de por vida después de haber recibido un trasplante no son menores, por eso, la decisión de hacerlo debe ser hecha de forma muy cuidadosa y consensuada. “Es por esto que cuando un niño es considerado que se beneficiaría de un trasplante hepático, éste es evaluado y acogido por un equipo multidisciplinario compuesto por hepatólogos infantiles, cirujanos trasplantólogos, enfermeras coordinadoras especialistas en trasplantes, nutriólogas, psicólogos y psiquiatras”, dice el doctor Juanet.
 
Es así como, en conjunto, se llega a la determinación de si el trasplante es el tratamiento indicado. Si lo es, entonces el niño es puesto en una lista de espera para trasplante hepático, donde se encuentran otras personas que también lo requieren.
 
Dependiendo de la urgencia de la necesidad del trasplante, y otras características como el grupo de sangre, peso, y causa de la enfermedad hepática, es el puntaje que el niño recibe y la prioridad que se le da al mismo.
 
El tiempo que tome en que esté disponible un hígado para donar es impredecible. En Chile ha ido aumentando el número de donantes en los últimos años, algo que ha ido acortando esta espera. Cuando se trata de un donante vivo, la limitante es encontrar un familiar con las características necesarias que lo hagan apto para ofrecer parte de su hígado al niño y que éste funcione en forma satisfactoria.
 
El hecho de trasplantar un órgano no es simplemente el acto físico de hacerlo. Después de realizado el trasplante, el cuerpo no reconoce a este “nuevo” hígado como parte de él. Como resultado, el sistema inmune intenta atacarlo y rechazarlo. Es por esto que se debe usar medicamentos que controlen esta reacción, las drogas inmunosupresoras.
 
El riesgo que el cuerpo rechace el órgano por esta razón es mayor durante las primeras semanas posteriores al trasplante y luego disminuye en forma progresiva. Sin embargo, el cuerpo nunca completamente reconoce o acepta a este “nuevo” hígado, por lo que estas drogas debes tomarse de por vida. Comprender esto es primordial, ya que al suprimir el sistema inmune, se expone al niño a infecciones, por lo que se deben tomar todas las precauciones para evitarlas. También estas drogas tienen efectos adversos como nauseas, fatiga, debilitamiento de los huesos, hipertensión arterial y aumento de peso.  A medida que el riesgo al rechazo cae, la cantidad de inmunosupresores se va reduciendo en forma gradual, así disminuyendo de igual manera sus efectos adversos.
 
“El control médico rutinario es sumamente importante, ya que se debe siempre mantener un balance cuidados entre la inmunosupresión y el riesgo de infecciones. Al hacer esto, el riesgo de complicaciones disminuye y así los niños trasplantados pueden seguir con su vida normal y dejar atrás lo difícil que es tanto para ellos como para sus familias, el proceso de la enfermedad inicial, la decisión del trasplante, la cirugía en sí misma y la recuperación post operatoria”, enfatiza el especialista.
 
Clínica Las Condes es uno de los dos centros privados que realizan trasplante hepático en niños en Chile. En los últimos 5 años se han realizado 15 trasplantes pediátricos en nuestra institución, con resultados muy exitosos. Esto ha sido gracias a nuestro gran equipo de profesionales, siempre comprometidos y dedicados para con los niños que tanto requieren un trasplante como los que ya se ha llevado a cabo uno y se mantiene en seguimiento con nosotros.
 
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