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Adulto mayor durmiendo en una cama

Sueño y envejecimiento saludable

02 de abril, 2019 Tratamiento y Recuperación
De todos los cambios que se producen a partir de los 65 o 70 años de edad, quizá el más conocido sea la dificultad para mantener la continuidad del sueño a lo largo de la noche. Algo que puede tener efectos directos en la calidad de vida de las personas.

Los cambios en los patrones de sueño son parte del proceso normal de envejecer. De esta forma, con el paso de los años, los adultos van teniendo cada vez más dificultad para conciliar el sueño, así como para mantenerlo durante toda la noche.

“El adulto mayor pierde la facultad de dormir de forma continuada durante la noche y los despertares nocturnos se hacen cada vez más largos y más numerosos, disminuyendo la eficiencia del sueño. Esta desestructuración se acompaña de una dificultad para mantener la vigilia, que se ve interrumpida a lo largo del día por siestas y cabeceos”, explica el el doctor Jorge Jorquera, broncopulmonar y jefe del Centro del Sueño de Clínica Las Condes.

Otra causa muy frecuente de la fragmentación del sueño es la presencia de enfermedades asociadas, que también se van haciendo más comunes con la edad:
 
  • Un dolor crónico que dificulte el inicio del sueño o produzca despertares.
  • El uso de diuréticos o enfermedades de la próstata que obligan al paciente a ir al baño durante la noche.
  • Enfermedades al pulmón o corazón que despiertan por falta de aire.
  • Algunos medicamentos que producen somnolencia durante el día (ansiolíticos, antidepresivos, relajantes musculares, antihistamínicos, algunos remedios para el manejo de la presión arterial) y otros que producen insomnio (descongestionantes, corticoides, bebidas colas, café).

Las apneas del sueño también son un factor a considerar. Según la última Encuesta Nacional de Salud, este problema puede afectar hasta un 40% de los hombres mayores de 65 años, siendo mucho más difícil de reconocer, ya que a esta edad muchas veces no se presentan los síntomas específicos y son confundidos con síntomas propios de la edad, explica el doctor Jorquera.

Por otro lado, una investigación realizada en Clínica Las Condes, que será presentada por la kinesióloga del Centro del Sueño Constanza Salas en abril de este año en Marsella, Francia, estudió a más de mil personas con poligrafía respiratoria, donde se evaluaron las características distintivas de los mayores de 65 años, concluyendo que esto presentan una enfermedad más grave, con apneas más prolongadas e igual grado de somnolencia. Sin embargo, sufren de más insomnio, depresión y con mejor impacto del ronquido en su pareja.

“Esto último es muy importante, ya que demuestra que, si bien en personas jóvenes el ronquido es una señal de alarma, no lo es tanto en pacientes mayores que presentan el mismo problema”, explica el doctor Jorquera, quien estuvo a cargo del estudio.

De ahí la importancia de la prevención y el tratamiento oportuno. “Hoy no hay dudas de que la mala calidad del sueño es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares y el empeoramiento cognitivo. Además, la relación entre apnea del sueño y enfermedad de Alzheimer parece ser cada vez más sólida”, comenta el doctor Jorquera.


Apneas del sueño: efectos y tratamiento
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  • Las apneas del sueño se producen por un colapso de la vía aérea y se asocian a obesidad y cuello grueso (circunferencia cervical mayor o igual a 43 cm en hombres y 40 en mujeres).
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  • Este cese de la respiración o apnea produce una caída de la oxigenación y despertares que alteran el sueño, no permitiendo que éste alcance las etapas profundas donde realmente se produce la reparación cerebral y de memoria. Esto tiene como consecuencia que se ve aumentada la somnolencia durante el día en situaciones inadecuadas como ver televisión, leer o conducir el auto.
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  • En los pacientes con apnea grave el tratamiento de elección son los equipos de presión positiva continua (CPAP). Estos equipos funcionan a través de la generación de aire a presión formando una cámara neumática que evita el colapso de la vía aérea eliminando el ronquido y las apneas. Esta presión se entrega a través de una máscara adaptada a la nariz y fijada por un arnés. Es indispensable el seguimiento y control por médicos entrenados que permitan acompañar al paciente desde el inicio de la terapia para asegurar la efectividad y el control de síntomas.


Consejos para unas buenas noches


Las medidas de higiene de sueño son esenciales y es fundamental mantener una organización estricta del sueño y de la vigilia.
  • Durante el día, mantener una actividad suficientemente estimulante en un ambiente iluminado, que evite la presentación de sucesivas siestas o cabeceos a lo largo de la jornada. Sin embargo, una pequeña siesta de unos 30 minutos después de almuerzo puede ser muy reparadora y saludable.
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  • Mantener un horario de sueño fijo y regular en las horas de acostarse y levantarse.
  • El ejercicio es muy importante pero no debe hacerse antes de ir a dormir.
  • Las técnicas de relajación son muy útiles, al que igual que la desconexión de las pantallas al menos 30 minutos antes de acostarse.
  • El tratamiento farmacológico solamente está justificado cuando han fracasado las medidas higiénicas y el resto de las técnicas sin medicamentos. De ser necesario su uso, se debe complementar siempre con las medidas de sueño
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