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mama dando de comer a su bebé

Alimentación complementaria: ¿cómo y cuándo incorporarla?

16 de junio, 2022 Alimentación saludable
A medida que los recién nacidos comienzan a crecer, la leche materna de los primeros meses no es suficiente para entregarle una nutrición completa, y es en ese momento cuando descubren un menú lleno de sabores. Te invitamos a conocer a continuación qué alimentos darles y qué preparaciones son las ideales según su progreso.

La pediatra y nutrióloga de Clínica Las Condes, Catalina Guzmán, junto con la doctora Mariana Elberg, especialista en pediatría infantil, concuerdan en que la alimentación complementaria se considera como un proceso en el que se lo ofrece al lactante alimentos sólidos o líquidos distintos a la leche materna o fórmula infantil, como un complemento y no como una sustitución.

¿Cuándo comenzar con los alimentos sólidos?


Desde el nacimiento hasta los seis meses, los lactantes solo necesitan la leche materna, o en su defecto, fórmulas artificiales para mantener una nutrición equilibrada. La doctora Mariana Elberg, pediatra y nutrióloga infantil de Clínica Las Condes, explica que para que los niños puedan ingerir alimentos diferentes a la leche, es conveniente que sea a partir de los cinco hasta los siete meses. “Es importante que el organismo cuente con la maduración necesaria del desarrollo psicológico motor, haber afirmado el tronco y contar con un buen sistema digestivo para recibir los complementos como papillas, puré, líquidos o agua”.

Dentro de algunos requisitos que se deben cumplir para saber cuándo comenzar con una alimentación complementaria, la doctora Elberg explica que hay ciertas señales que los padres deben considerar para incorporar de manera efectiva este tipo de dieta:
 
  • El lactante debe presentar un interés activo por la comida
  • La desaparición del reflejo de extrusión (expulsión de alimentos no líquidos con la lengua)
  • La capacidad del niño para interactuar con la comida
  • Mantener al niño sentado de manera cómoda durante la alimentación.


Sin embargo, la tardía incorporación de la alimentación complementaria a la dieta del lactante puede provocar fobias alimentarias que podrían desencadenar en problemas nutricionales como:
 
  • Carencia de hierro
  • Aumento de las probabilidades de alergia alimentaria
  • Poca tolerancia a nuevas texturas y sabores.
  • Causas de anemia
  • Desnutrición


Conoce los tres tipos de alimentación complementarias 
 
  1. Alimentación de papillas: lo ideal es iniciar con la papilla a los 6 meses y rápidamente ir progresando con triturado, molido, para que cerca del año, ya estén comiendo con la misma consistencia que el resto de la familia.
  2. Baby Lead Weaning (BLW) o alimentación guiada por el lactante: consiste en una manera de incorporar los sólidos, eliminando la fase de las papillas. De esta forma, el recién nacido se alimenta por sí mismo, usando las manos y reconociendo los olores, formas y colores de manera autónoma. El pediatra debe autorizar este tipo de alimentación.
  3. Alimentación mixta: combinación de papillas y trozos enteros ya sean de frutas, verduras, proteínas o carbohidratos.

En este proceso, la doctora Catalina Guzmán, recalca que se debe considerar que la incorporación de los alimentos puede provocar asfixia en el lactante. En este sentido, “el apoyo de los padres en el pediatra es esencial para ver cuál es la forma correcta de alimentar a su hijo, preocupándose de que no existan déficit de nutrientes para que el niño crezca bien y de forma sana”, detalla la experta.


¿Existe un horario fijo para la alimentación de los niños?

La especialista Mariana Elberg explica que la nutrición complementaria además de tener su factor nutricional, tiene un factor social muy relevante. “Que los niños sigan almorzando a las 11 am hoy está obsoleto. Lo ideal es que el horario sea dentro de una ventana, buscando que el lactante pueda unirse los horarios de la comida de la familia y a su vez al menú de manera progresiva”.

¿Con qué alimentos se comienza?

“Lo importante es que las comidas contengan los macronutrientes que los niños necesitan como el vacuno, pescado, pollo, hidratos de carbono, verduras y legumbres. Por otro lado, las grasas en los alimentos son súper importantes, es por eso, que las porciones deben tener aceite de oliva, canola u omega 3, que son necesarios en pequeñas porciones para los niños porque los ayuda al déficit de ácidos grasos esenciales y al desarrollo de su sistema nervioso central”, explica Guzmán.

En cuanto a las cantidades, hacen referencia a una alimentación perceptiva, donde lo importante es basarse en las señales de hambre y saciedad del infante y no solo en las cantidades ya que todos los niños comen porciones distintas. Saber interpretar señales como que no se lleva más comida a la boca, no abre la boca, o gira la cabeza al momento de ingerir más alimento, son efectos de una alimentación suficiente.

La doctora Guzmán explica que lo más importante es ver cómo está el desarrollo y el crecimiento de los niños. “Si nosotros notamos que deja de crecer bien o de ganar el peso que deberían haber adquirido en cierto momento, hay que poner énfasis en la cantidad y calidad de los nutrientes que le estamos aportando. Cuando uno comienza la alimentación complementaria no hay una cantidad específica, pero personalmente como nutrióloga, tengo que ser más rigurosa con respecto a la cantidad y calidad de la comida”.

Por su parte, la doctora Mariana Elberg, recomienda ir progresando con todos los alimentos al mismo tiempo, ya sean, proteínas, carbohidratos, frutas, verduras y de todo en general.  “Ojalá hacer la regla de 3 sin la introducción de nuevos alimentos a ver si hay algún tipo de reacción, y si existe suspender ese alimento y llevarlo a evaluación”.

Dentro de los alimentos prohibidos, ambas especialistas concuerdan en que el consumo de azucares, sal y lácteos no son recomendados hasta los dos años.

Para concluir las especialistas dan algunas recomendaciones en cuanto a la manipulación de alimentos que son indispensables al momento de realizar las distintas preparaciones:
 
  • Evitar perder la cadena de frio, prefiriendo descongelar los alimentos dentro del mismo refrigerador ya que se corren riesgos de contaminación cruzada o infección por bacterias gastrointestinales.
  • Lavado constante de manos
  • Manejar de manera independiente alimentos crudos y cocidos.

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