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niña con peluche

Mi hijo no para de toser

29 de marzo, 2021 Tratamiento y Recuperación
Por lo general, en los niños la tos no suele durar más de cuatro semanas. Por eso, cuando persiste en el tiempo, es importante poner atención a ciertas señales que pueden reflejar que algo no anda bien. Revisa más a continuación.

¿Qué debes saber acerca de la tos y cuándo es necesario acudir a un especialista? Con la ayuda del doctor Selim Abarabroncopulmonar infantil de Clínica Las Condes, te contamos todo sobre esta condición.
 
 
¿Por qué se produce la tos?
 
La tos es un mecanismo de defensa y, aunque puede ser voluntaria, normalmente se trata de una respuesta refleja que protege la vía aérea frente a la inhalación de sustancias irritantes, la penetración de cuerpos extraños después de un atragantamiento, así como también contribuye a eliminar las secreciones que se producen durante un cuadro infeccioso o alérgico que determina inflamación y aumento de las secreciones.
 
¿Cuándo se habla de tos persistente o crónica?
 
Muchas infecciones virales ocasionan una tos que puede durar hasta 3 semanas. En la mayoría de los países, se habla de tos crónica cuando dura más de 4 semanas.
 
¿Qué tan frecuente es la tos crónica en los niños?
 
Se estima que hasta un 7% de niños menores de 5 años y alrededor del 10% de escolares y adolescentes pueden presentar tos persistente. Esto es causa de consultas frecuentes y uso indiscriminado de fármacos, los que pueden ser inútiles si no se trata la causa específica.
 
¿Cuáles son las principales causas de la tos crónica? 
 
  • Bronquitis obstructivas recurrentes: pueden ser gatilladas por infecciones virales o alergias desde los primeros meses de la vida. Cuando las bronquitis son muy frecuentes el paciente no alcanza a recuperarse entre un episodio y otro, transformándose en una tos crónica. En la mayoría de los pacientes esto se supera después de los 3 o 4 años; sin embargo, un grupo de ellos sigue presentando episodios de obstrucción bronquial, quienes son diagnosticados con asma bronquial.
 
  • Infecciones virales recurrentes: se producen con mayor frecuencia en invierno por el virus sincicial respiratorio, virus parainfluenza y rinovirus, entre otros. Los más afectados son los lactantes.
 
  • Aspiración de un cuerpo extraño: es más frecuente entre 1 y 4 años y no siempre se cuenta con el antecedente de atragantamiento. El estudio radiológico puede dar pistas de la existencia de un cuerpo extraño y, frente a sospecha, se debe realizar una evaluación endoscópica de la vía aérea. En algunos casos la tomografía computada de tórax también puede hacer el diagnóstico. Es muy importante la prevención de este accidente, evitando que el niño menor de 4 años ingiera trozos sólidos que lo puedan atorar, como maní o almendras, y que juegue con objetos pequeños.
 
  • Trastornos de la deglución: se presentan en pacientes prematuros extremos y en aquellos con trastornos genéticos o con daño neurológico.
 
  • Fibrosis quística: es una enfermedad genética con alteración en la densidad de la mucosidad, lo que favorece la colonización e infección por gérmenes patógenos específicos, dañando progresivamente los pulmones y otros órganos como el páncreas y el aparato reproductor. El diagnóstico y tratamiento precoz mejora el pronóstico. Frente a un niño que además de la tos presenta desnutrición o diarrea recurrente, debe estudiarse esta compleja enfermedad.
 
  • Exposición al humo del cigarrillo: el tabaquismo pasivo al que se someten los niños pequeños irrita la vía aérea, produciendo tos o empeorando aquella tos generada por infecciones u otros factores.
 
  • Infecciones otorrinolaringológicas: la sinusitis, otitis media y adenoiditis, entre otras, pueden causar tos persistente.
 
  • Tuberculosis: debe considerarse esta enfermedad, especialmente si el paciente ha tenido contacto con alguien contagiado o si, además de la tos, hay otros síntomas como decaimiento, fiebre vespertina o inapetencia, así como también en la radiografía de tórax aparece una imagen no explicable por otra causa.
 
  • Reflujo gastro-esofágico (RGE): la relación del RGE y la tos persistente es más frecuente en los adultos. Sin embargo, en algunos niños también podría ser un factor de tos crónica, aunque esta relación es compleja, ya que la tos puede gatillar un episodio de reflujo o este último desencadenar el reflejo de la tos.
 
  • Malformaciones congénitas: pueden ocasionar tos persistente especialmente en menores de 1 año. Algunas malformaciones son: las laringo-tráqueomalacias, estructura blanda de la vía aérea que colapsa durante la respiración; fístulas traqueoesofágicas; hendiduras laríngeas; compresiones de la tráquea por elementos vasculares, conocidas como “anillos traqueales” y otras malformaciones de la vía aérea.
 
  • Tos psicógena: algunos pacientes, especialmente adolescentes, sometidos a diferentes fuentes de estrés, pueden presentar esta condición. Se caracteriza por una tos muy ruda, con un sonido de alta intensidad, regular a lo largo del día, y que desaparece en tanto el paciente se duerme. Este es un diagnóstico que se plantea después de excluir otras causas de tos crónica mediante algunos exámenes de laboratorio y radiológicos y eventualmente con algunas pruebas terapéuticas. 
 
¿Cómo se hace el diagnóstico y cuál es el tratamiento?
 
Muchas veces el diagnóstico se hace basado en la historia clínica y el examen físico,  aunque en algunos casos es necesario complementar con exámenes específicos, de rayos o laboratorio, dependiendo de cada caso en particular.
 
¿Cuáles son las señales de alerta?
 
  • Tos que persiste más de 4 semanas: debe estudiarse su origen, que si bien muchas veces obedece a alergias o a una inflamación persistente después de una infección viral, en ocasiones puede ser causada por una condición de mayor gravedad como un cuerpo extraño en la vía aérea, una tumoración o quiste, una tuberculosis, asma, entre otros.
 
  • Tos severa, que provoca vómitos: puede ser la manifestación de una tos convulsiva o de una infección por otros gérmenes como Mycoplasma. También podría producirse por un cuerpo extraño en la vía aérea.
 
  • Tos persistente que se acompaña de otros signos como baja de peso, decaimiento o diarrea crónica.
 
  • Tos asociada a dificultad respiratoria, respiración agitada o rápida, hundimiento entre las costillas al respirar y/o coloración morada en labios.: estos signos están señalando un problema serio en los pulmones o en la vía aérea que puede estar causando una insuficiencia respiratoria.
 
  • Tos asociada a fiebre alta, decaimiento, rechazo de la alimentación: puede ser consecuencia de una infección respiratoria grave, ya sea viral o bacteriana.
 
  • Tos acompañada de expectoración con sangre: siempre se debe estudiar para descartar cuadros importantes como tuberculosis o una enfermedad inflamatoria de origen inmunológico, entre otras. Para eso se requieren exámenes específicos de laboratorio e imágenes, seguidos por el tratamiento correspondiente.
 
  • Tos con ruido que se presenta al respirar: es signo de una obstrucción, ya sea en la vía aérea alta o en la vía aérea más periférica o “baja” y que, por lo general, requiere de una evaluación por un especialista.
 
¿Existen factores de riesgo?
 
Hay ciertos factores que aumentan la probabilidad de que la tos persistente esté asociada a una patología de base de gravedad y que, incluso, puede llegar a comprometer la vida del paciente. Dentro de ellos se puede mencionar:
 
  • Ser recién nacido y menor de 3 meses.
 
  • Antecedente de haber tenido una obstrucción intestinal en período de recién nacido, o anemia, ictericia prolongada o edema acumulación de líquido bajo la piel, lo cual obliga a estudiar la posibilidad de una fibrosis quística.
 
  • Prematurez, ya que, al tener un sistema inmune inmaduro, estos pacientes están más propensos a infecciones que pueden ocasionar una tos persistente.
 
  • Desnutrición.
 
  • Inmunodeficiencias congénitas o adquiridas.
 
  • Ser portador de una enfermedad de origen genético o de malformaciones craneofaciales, de la vía aérea o pulmonares.
 
  • Antecedente de contacto estrecho con paciente portador de una tuberculosis u otras infecciones como Covid-19.
 
  • Antecedentes familiares de enfermedades genéticas, enfermedades autoinmunes, asma o alergias.
 
  • Problemas sociales graves, adicciones de los cuidadores e hijos de madre adolescente, entre otros.
 
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