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Planificación

Comer por estrés: las claves para no caer en el hambre emocional

Si cada vez que tienes pena, rabia o estrés sientes la necesidad urgente de comer un chocolate, un pastel, papas fritas o lo que tengas a mano, es muy posible que estés frente al hambre emocional.

¿Por qué acudimos a la comida? Desde pequeños se nos premia con ello, cuando hacemos algo bien o cuando tenemos pena, por lo que está en nuestro subconsciente. "Nos centramos en la comida como forma de celebrar, pasar las penas, consolar, calmar angustias y premiar. En algunas familias se considera un desaire no comer hasta la saciedad; tenemos una distorsión del peso saludable", dice la doctora María José Escaffi, nutrióloga del Centro de Nutrición y Bariátrica de Clínica Las Condes.

María Ignacia Burr, psicóloga clínica y experta en terapia conductual dialéctica de Clínica Las Condes, agrega que como cuesta aceptar las emociones negativas, "frente a ellas, la comida cumple dos funciones: desfocaliza a la persona del problema y, por otra parte, actúa como una anestesia que alivia el dolor por un corto plazo".

Pero por otro lado, el estrés activa las glándulas suprarrenales que producen cortisol, y eso eleva el apetito. En este caso, la psicóloga entrega dos claves para estresados y ansiosos: comer cada tres o cuatro horas, porque eso impide sentir hambre fisiólogica, "la gran herramienta" para no equivocar el camino. Pero también no castigarse, sino concentrarse.

"Hay que observar nuestra conducta e identificar las emociones que gatillan el problema".
- María Ignacia Bürr

El Mindful Eating, o comer conscientemente, controlando la situación y respondiendo de forma moderada a las señales fisiológicas del hambre, puede ayudar. Para lograrlo, es necesario reconocer si lo que se tiene es realmente hambre y si es así, prestar atención a lo que se está comiendo, gozando los colores, sabores y texturas, y siento consciente de las sensaciones que se experimentan. Es clave comer tranquilos y disfrutar de ese momento, sin hacer otras actividades al mismo tiempo.

En casos más profundos, hay que tratar el hábito con un equipo multidisciplinario que integren psiquiatras, psicólogos y nutriólogos.

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