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Otorrinolaringología

¿Qué es la apnea del sueño?

Madre abraza a su hija pequeña, quien sonríe con sus brazos en el aire

Cuando dormimos, nuestra musculatura pierde su tono (nivel de actividad) y se relaja. Nuestras extremidades y nuestro cuello quedan flácidos, inmóviles. De forma similar, la musculatura de la faringe (garganta) se relaja y tiende a colapsar, con lo cual el espacio aéreo disminuye. Se dificulta así el flujo respiratorio, el que se hace turbulento, agitando las paredes de la vía aérea y produciendo el característico ruido que conocemos como ronquido.

Cuando la obstrucción es mayor, el flujo respiratorio se puede llegar a detener durante algunos segundos, en lo que conocemos como una apnea del sueño. Durante ese período, el nivel de oxigenación de la sangre baja y se gatillan señales de estrés o alarma metabólica (elevación de la adrenalina), se acelera el ritmo cardíaco y el nivel de sueño se hace superficial, pudiendo llevar a microdespertares.

Al despertar, o al regresar a un sueño superficial, se recupera el tono muscular y la faringe se abre nuevamente, con lo que se restablece el flujo respiratorio. Después de un rato, el nivel de sueño se vuelve a profundizar gradualmente, el tono muscular disminuye y la obstrucción respiratoria reaparece: de este modo, el ciclo de ronquido, apnea del sueño y microdespertares se repite una y otra vez durante toda la noche.

En general, se habla de trastornos respiratorios del sueño para referirnos al espectro clínico que va desde el ronquido simple (sin apnea) hasta la apnea obstructiva del sueño en grado severo. El mecanismo común de todo este grupo de alteraciones es el relajo de la musculatura faríngea durante las horas del sueño, lo que lleva a una obstrucción respiratoria alta.